¡Piñatas mentales!
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¡Piñatas mentales!

¿Cuántos dulces coloca usted en una piñata para que los niños compitan por acaparar la mayor cantidad de ellos? ¿Alguna vez ha colocado en ella menos dulces que la cantidad de niños invitados a la fiesta? ¿Se comporta su organización en forma similar a los niños en una piñata?
Competir por recursos que sobran es una fuente de conflictos. En ocasiones, esos recursos se perciben como escasos sin serlo y se lucha por poseerlos. El poder, la influencia, la fama y la imagen son algunos de esos bienes “escasos”. El monopolio por la verdad, la apropiación del mérito por logros y el reconocimiento, también son fuente de disputas. Además, si estos forcejeos se llevan al plano personal y no se quedan en la función que se desempeña en la organización, se profundizan rivalidades que drenan energías, voluntades y sentimientos de pertenencia.
La paradoja es que esos recursos son gratuitos y abundantes, excepto en la mente de quienes piensan en pequeño. Por ejemplo, hay quienes compiten por protagonismo ante un logro o por esconderse ante un fracaso. ¡Mentes pequeñas problemas pequeños, mentes grandes problemas grandes!
Las consecuencias de un ambiente de “piñata” saltan a la vista: clima de trabajo afectado por relaciones improductivas, rivalidades personales, ocultamiento de información, juegos políticos desgastantes y resultados por debajo de lo posible. O sea, la competencia interna afecta la respuesta a la competencia externa. La organización, al igual que la piñata se resquebraja como consecuencia de estas conductas.

Sobrevivir en un ambiente así, ocultarlo y tolerarlo es condenarse a prolongar sus enfermedades y fracasos.
El desafío es colocar los retos de la organización por encima de las agendas individuales, los valores como rectores de las relaciones y los objetivos compartidos como puentes para trabajar en un ambiente de cooperación. Una estrategia bien definida por los actores claves y no por unos pocos, una mentalidad de ganar-ganar que obligue a todos a ayudarse mutuamente para alcanzar indicadores de gestión compartidos y un compromiso con el diálogo inmediato ante cualquier diferencia, son acciones directas que previenen la “cultura de piñata”.
Las rivalidades innecesarias y el egocentrismo deben claudicar ante la colaboración, la responsabilidad, la sana competencia por ideas, la productividad y la actitud de servicio mutuo; “piñatas” por las que sí vale la pena competir en toda organización.

German Retana
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