Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 28 Julio, 2014

El gobierno y todas las organizaciones y personas podemos trabajar sin descanso por la paz


Pidamos a Dios amor

El avión de pasajeros derribado sobre Ucrania nos estremece con el atroz asesinato de civiles inocentes, y nos impactan las víctimas del conflicto árabe-israelí alrededor de Gaza donde con la violencia no parece posible construir la paz.
Somos hoy más conscientes de los derechos humanos. Pero también hoy las modernas tecnologías magnifican la muerte, el sufrimiento y los horrores que provoca la violencia.


El perverso ataque terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de setiembre de 2001 despertó nuestro justificado miedo a la violencia del fanatismo. Y las guerras en Irak y Afganistán han hecho patente la futilidad de la destrucción de vidas y comunidades que no construye ni paz, ni tolerancia, ni democracia.
La violencia en Irak, Siria, Afganistán, Somalia, Yemen, Pakistán, causa miles de muertos en enfrentamientos entre grupos musulmanes.
Creemos los cristianos de Occidente que el martirio por nuestra fe es historia del tiempo de Nerón y de los misioneros en épocas pasadas. No es así. El Índice Mundial 2014 de los Cristianos Perseguidos visible en www.portesouvertes.fr es dolorosamente revelador.
El siglo pasado con su espectacular progreso fue también el teatro de la crueldad del Holocausto, de las guerras mundiales, del totalitarismo comunista y nazi, de las dictaduras de diversos signos, de los enfrentamientos tribales, todo ello con su enorme carga de muerte, destrucción y dolor.
Personas que se consideran benevolentes auspician el asesinato de millones de niños que se abortan cada año.
En nuestro vecindario la violencia está desenfrenada. El crimen organizado y las acciones contra familiares han convertido a Latinoamérica en la única región del mundo donde la tasa de asesinatos aumentó en la primera década de este siglo.
La guerra prolongada en Colombia no ha construido armonía, el ejército en México en lucha contra el narcotráfico no ha eliminado las mafias ni el trasiego de drogas, y en nuestra querida América Central, Honduras, Belice, El Salvador, y Guatemala son cuatro de los cinco países con mayor proporción de asesinatos anuales en el mundo.
En Costa Rica fuimos el tercer país en abolir la pena de muerte en 1877 y eliminamos en 1949 un ejército ya muy venido a menos. Somos amantes de la armonía, de la tolerancia y de la paz. Preferimos ser queridos que ser exitosos. Pero entre nosotros la violencia y la intolerancia también han crecido, aunque en los últimos años esa tendencia se ha revertido.
Somos muy pequeños. Pero podemos enfrentar la violencia.
Este 2 de agosto unámonos en orar por la paz. Que la Conferencia Episcopal, el clero, religiosos y religiosas, pastores y pastoras, rabinos, imanes y personas de buena voluntad promuevan que nos unamos todos a pedir a Dios que nos llene de su amor y nos permita perdonar y vencer el odio.
El gobierno y todas las organizaciones y personas podemos trabajar sin descanso por la paz.
Hay esperanza porque hay bondad en el corazón humano. Con Caín no acabó la humanidad. Dios depositó su amor en nuestros corazones. Pero debemos orar y trabajar por el amor y la paz.
 

Miguel Ángel Rodríguez