Nuria Marín

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Lunes 28 Julio, 2008

Creciendo [email protected]
Petrocaribe

Nuria Marín

El uso de la petrodiplomacia por Venezuela no es nada nuevo. Gracias a los crecientes precios del petróleo (en los que Venezuela y la Organización de Países Exportadores de Petróleo tienen responsabilidad aunque no exclusiva), Hugo Chávez ha visto multiplicados exponencialmente sus ingresos en diez años al pasar el barril de petróleo de menos de $10 a más de $100.
Venezuela es el quinto exportador de petróleo del mundo y poseedor de importantes reservas, lo que le provee al gobierno bolivariano un importante músculo que Chávez ha asegurado al adquirir el control de Petróleos de Venezuela (PDVSA), tasar refinerías y buscar el control de las operaciones en el Orinoco.
Con esta abultada billetera y creciente flujo de caja, Chávez centra su estrategia en la diversificación de mercados, búsqueda de aliados estratégicos, y obtención de capital político que le permitan desempeñar un rol protagónico en el escenario mundial. Ese es el espíritu de iniciativas como la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de nuestra América, Petrosur, Petrocaribe, Bonos del Sur, ventas a China, compras de armas a Rusia, acercamiento con Irán, etc.
Vale mencionar el complejo tema de la mutua dependencia por petróleo que mantienen Venezuela y Estados Unidos y que ambos países ansían resolver. Mientras Venezuela es el cuarto proveedor de petróleo de Estados Unidos, este último es el mercado más importante para el petróleo venezolano con poco menos que el 60%.


Es este el contexto en el que Costa Rica es “inducida” a ingresar a Petrocaribe. Los crecientes precios, la no renovación del Pacto de San José, que nos garantizó desde 1980 el crudo desde México y Venezuela, la disminución del plazo de pago de 30 a ocho días por PDVSA, y la decisión de Venezuela de suministrar diésel solo a los 18 miembros de Petrocaribe nos dejaron en una situación comprometida.
Por otra parte, las mejoras en las condiciones de pago (entre el 50% y el 30% a 90 días dependiendo del valor del barril), plazo de financiamiento del saldo (25 años) y una mejor tasa de interés (1%) nos endulzan a corto plazo los términos de la negociación. Sin embargo, la decisión, de tomarse, plantea importantes retos.
1. El endeudamiento país crece (además por consumo), por ende les estamos trasladando el problema a las futuras generaciones.
2. Al bajar la presión sobre el flujo de caja, se podrían desestimular las prácticas de ahorro y búsqueda de fuentes de energía alternativas.
3. La posibilidad de cancelar los créditos con intercambio de bienes y/o servicios, si no va acompañado de buenos sistemas de control y transparencia política, podría llevarnos a estados paralelos y focos de corrupción. Hay gobiernos de gobiernos.
4. La dependencia a proveedores es siempre peligrosa, riesgo que se incrementa en las relaciones políticas de largo plazo.


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