Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 14 Julio, 2010


“Perfilando” a los extranjeros ilegales


En semanas recientes he visto protestas de ticos contra la ley 1070 del Estado de Arizona en la prensa y en ciertas redes sociales; esa legislación establece medidas contra la estadía de inmigrantes ilegales. Incluso entiendo que algunos oficiales del Estado costarricense se han solidarizado con México y los otros países centroamericanos que ven a esa ley como una contravención de los derechos humanos universales.
La ley migratoria costarricense es tan fuerte como la ley 1070 de Arizona; incluye las mismas disposiciones que permiten a la autoridad pedir la identificación a cualquiera, y detenerla si no pueden producirla. Si la policía migratoria aplicara el artículo 18 del Capítulo IV de la ley nacional, estaría haciendo exactamente lo mismo que pronto estará haciendo la autoridad del gobierno basado en Phoenix.
La ley tica permite a la policía visitar restaurantes, hoteles, centros de diversión, lugares de trabajo, playas, estadios, abordar buses, parar automóviles y taxis siempre con el mismo fin; pedir documentos a todos los presentes que demuestren que están legalmente en el país. Esto implica que pueden parar costarricenses también, y si estos no pueden comprobar quienes son, pueden ser detenidos.
Claro que si comenzara la policía migratoria con frecuencia a parar y detener ticos que no “andaban” la cédula se levantaría una protesta fuerte en su contra y tendrían que cesar esa actividad. Además, el país recibe más de un millón de turistas al año y la industria que los atiende no quiere que a estos se les esté molestando constantemente pidiendo papeles de identificación. Peor en el sentido que en Costa Rica hay bandas organizadas que roban pasaportes; a los turistas se les recomienda dejar esos documentos en sus hoteles cuando andan en la playa, en los rápidos o cuando quieren disfrutar de las bellezas de los parques nacionales.
El resultado es que la policía migratoria tica tiene que hacer exactamente lo que harán sus homólogos de Arizona; tiene que ejecutar acciones para identificar a los “ilegales” usando un perfil de lo que sus jerarcas creen que puede ser la fisonomía y la apariencia de alguien que está en el territorio nacional sin pasar por las oficinas de la migración. ¿Cuál es ese perfil? Hay que decirlo; alguien que “parece nicaragüense”.
Salado el costarricense oriundo de Guanacaste que se asoma a los pueblos fronterizos sin portar la cédula. Podría encontrarse forzado a viajar al otro lado de la frontera en un autobús contratado por la autoridad para transportar deportados.
Usar perfiles raciales o fisonómicos en la aplicación de la ley es una violación total de los derechos humanos universales. Entiendo el interés que tienen los costarricenses y los ciudadanos de Arizona en querer controlar la cantidad de extranjeros que han llegado ilegalmente a sus territorios. La respuesta más lógica al problema es la de mejor patrullar y controlar sus fronteras. En Costa Rica dirá la autoridad que no tiene presupuesto para hacerlo. ¿Y entonces?
Más que todo escribo esto para los nacionales que sienten ánimo de criticar lo que están haciendo los ciudadanos de Arizona, haciendo coro a las protestas de México y los otros vecinos del Norte. Les recuerdo el refrán “el que esté sin pecado que tire la primera piedra”.

Carlos Denton
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