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Viernes 13 Mayo, 2016

 Señoras, señoritas, compañeras, colegas… hay mucho en el sistema que cambiar, pero seamos honestas, tenemos mucho en nuestras manos que nos toca cambiar a nosotras

Perder el miedo a equivocarnos

Recientemente se celebró en nuestro país el Campeonato Panamericano de Maxibaloncesto, deporte que disfruta y practica mi esposo. Así que lo acompañé a uno de los partidos que disputaba, en representación de Costa Rica, contra Argentina.
Sentada en la gradería justo a la par de la barra contrincante, compuesta por una docena de personas, todos hombres excepto una joven que los acompañaba, observé que, en medio del partido, uno de los argentinos se levantó y empezó a preguntar a sus compatriotas quién ganaría el partido: ¿Costa Rica o Argentina?
Como pude escuchar la pregunta, seguí con atención cada una de las respuestas, intrigada por quién pensaban que iba a ganar. Uno a uno a los caballeros se les fue preguntando y uno a uno fueron dando su predicción. Cuando la quiniela iba 6 a 2 en contra nuestra, el encuestador llegó a la tercera y última fila de espectadores, en medio de la cual estaba sentada la única mujer que los acompañaba. Siguiendo con la rutina, fue haciendo la misma pregunta a cada uno de los hinchas albicelestes; cuando llegó el turno de la mujer el encuestador la ignoró y continuó preguntando al resto de la fila.
En ese momento mi interés en lo que estaba sucediendo cambió, confieso que casi a ira. Cuando terminó de consultar con el último de los aficionados, tuvo la “consideración” de volver a su compañera (todavía no entiendo por qué alteró el orden de la fila) y le hizo la misma pregunta.
Más que lo que había ya visto, lo que escuché me dejó sorprendida: ¡No sé!, respondió ella. El argentino insiste: vamos mujer, ¡decí uno! Ella repite: ¡no sé! Y él insiste la tercera vez: solo son dos, ¡escogé uno! Ya no quise escuchar más…
¿Qué es lo que hace que las mujeres no nos atrevamos a expresar nuestra opinión, hasta en temas tan banales o sencillos como el episodio que presencié? Probablemente el miedo a equivocarnos. Hay que reconocer que hemos avanzado mucho en materia de género, y que hay brechas que se vienen reduciendo, pero nos falta mucho por hacer y el cambio debe venir por ambos lados: hombres y mujeres.
Señores, compañeros, colegas… queremos que se nos trate con respeto: no mejor, solo con respeto. Iguales en lo que somos iguales y con respeto en lo que somos diferentes. Nuestro turno cuando nos toque: no antes, pero no después; que se nos escuche cuando hablamos; que nos permitan ejercer aquellas funciones para las cuales somos competentes; queremos equidad.
Señoras, señoritas, compañeras, colegas… hay mucho en el sistema que cambiar, pero seamos honestas, tenemos mucho en nuestras manos que nos toca cambiar a nosotras. Como dijo Carl Jung “Quien mira hacia afuera, sueña. Quien mira hacia adentro, Despierta”. Despertemos nosotras; seamos protagonistas del cambio. Atrevámonos. Tomemos la iniciativa. Demos nuestra opinión, cualquiera que sea. Les aseguro que será válida porque es la nuestra. Tomemos el riesgo. Tenemos que perder el miedo a equivocarnos. Al fin y al cabo, el error con meditación solo representa aprendizaje y crecimiento.
Y por cierto, el partido quedó 87 a 53, ganando Costa Rica.

Milagro López Gamboa
Directora Banca Privada - Scotiabank