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Miércoles 19 Septiembre, 2007

PAZ CON EL TURISMO

Costa Rica, a través de su historia, ha acuñado una arraigada cultura de paz y democracia. Desde la época de la colonia nuestra pobreza fue nuestra mayor riqueza, pues la falta de metales preciosos, aunque retrasó el desarrollo, permitió proteger los recursos naturales.
A partir de nuestra independencia de España y ante el deseo de consolidar las fronteras y los linderos de esta naciente República, se incentivó la conquista de tierras baldías y en los bosques se abrieron sitios de “abras” para “hacer” fincas.
Para dicha nuestra, la importancia de la conservación ambiental ha ido tomando fuerza, al punto que hoy contamos con mecanismos para incentivarla, como el pago por servicio ambiental, las áreas de conservación privada, para el desarrollo del ecoturismo, y la gestión comunitaria para la preservación.
Sin tener minas de importancia, vimos nacer el café y convertirse en “grano de oro” y motor del desarrollo nacional. Luego, el banano creció, como la fruta dorada.
Ninguna de estas actividades se acercó al ideal de desarrollo sostenible, pero en el turismo, Costa Rica está encontrando una nueva veta, reposada en las minas verdes de nuestros bosques y áreas de conservación, así como en los reservorios de agua, “nuestro oro azul”.
La respuesta a estos esfuerzos es que hoy los turistas vienen por miles a admirar nuestras bellezas, al punto que, a diciembre de 2006, ingresaron un poco más de un millón setecientos mil turistas.
Sin embargo, la paz militar no ha sido sinónimo de paz social. El abandono de programas sociales y bajos niveles de inversión, durante las administraciones pasadas, provocó una creciente inseguridad ciudadana.
Este panorama sombrío llevó al presidente de la República, Dr. Oscar Arias, y al ministro de Seguridad, Lic. Fernando Berrocal, a crear mediante decreto ejecutivo, a partir de diciembre de 2006, la denominada Policía Turística.
Contar con una policía especializada contribuye a alcanzar niveles óptimos de seguridad, pero estos esfuerzos deben acompañarse de otras garantías, como la protección de la vida, salud, integridad física, psicológica y económica, derecho a información oportuna, en su propio idioma, atención de emergencias por posibles desastres naturales o aquellas provocadas por el ser humano.
La seguridad turística es un deber y un derecho, que se debe atender integralmente y por ello debemos insistir en una coordinación entre el Gobierno y los empresarios.
Paz social para la sostenibilidad turística implica levantar los niveles de pobreza, mejorar el acceso a la educación de nuestra niñez y juventud y mayores oportunidades laborales. Si a esto agregamos presencia policial, para generar confianza en el turista, el país habrá encontrado la fórmula para que esta veta de prosperidad no se apague.
En la búsqueda por consolidar a Costa Rica como un destino hermoso y seguro, desde junio de 2006, presenté el proyecto de Ley de Creación de la Policía de Turismo, que se encuentra en estudio en la Comisión Permanente Especial de Turismo, de la Asamblea Legislativa.
Igualmente, el pasado 23 de agosto, en la Asamblea Legislativa, realizamos el Foro “Estado de la Seguridad Turística en Costa Rica”, donde distinguidos panelistas de todos los sectores, coincidieron en la importancia de la policía turística.
Creo que, sin ser un país rico en minerales, hemos encontrado en la conservación la mina del turismo. De nosotros depende que este oro verde continúe brillando a través de los tiempos.

Diputada Ofelia Taitelbaum Yoselewich