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COLUMNISTAS


Patria e independencia

Arnoldo Mora [email protected] | Viernes 17 septiembre, 2010



Patria e independencia


La memoria de los pueblos se nutre, en buena medida, de rituales y celebraciones. Cuando estas versan sobre las grandes efemérides históricas y rememoran aquellos acontecimientos que dieron origen a cambios profundos en su vida a través del tiempo, se perpetúan a través de un ritual, que en la filosofía política se suele denominar como “religión civil” pues, de alguna manera, en la época de los liberales sustituían a las celebraciones religiosas, especialmente barrocas en nuestra tradición popular de origen andaluz.
La celebración por excelencia en nuestra vida cívica es el DIA DE LA INDEPENDENCIA. La educación formal (escuelas y colegios públicos) se ha encargado de mantener viva esta memoria histórica mediante celebraciones rituales en que se involucra sobre todo a la juventud estudiosa. Desfiles y antorchas, banderas y discursos oficiales, llenan nuestras calles y edificios, culminando en una ceremonia oficial en ese Cartago ancestral que, por un día en el año, vuelve a ser la capital del país, como lo fuera antes de ser Costa Rica una nación formalmente independiente y soberana, porque allí tuvieron verificativo los hechos históricos que se conmemoran.
Pero el peligro es que las celebraciones, cuando se hacen ritualmente, vayan perdiendo su sentido más profundo, es decir, se basen tan solo en lo exterior, se olviden los valores que dieron origen a esos acontecimientos que, se supone, deben constituir la materia prima de nuestra espiritualidad como nación.
Propendemos a reproducir lo exterior: nombres y apellidos, lugares y fechas, palabras textuales y huellas documentales y monumentales, que nos recrean la época y la materialidad del evento.
Hacer todo eso, sin duda ninguna, es muy bueno, porque nos devuelve a algo que alguna vez fue real. Pero, limitarse a solo eso, es correr el riesgo de olvidar el espíritu que animó a los protagonistas de hechos de tal trascendencia. Ese espíritu es lo que llamamos valores. Y es allí donde la palabra PATRIA adquiere toda su significación.
Patria es, en efecto, algo más que un territorio y sus paisajes si bien esto es fundamental; Patria es algo más que las costumbres y la cultura del pueblo, lo que también es muy importante. Pero PATRIA es ante todo, su gente, no en su composición étnica, sino en la práctica de sus virtudes cívicas y en la preservación de las instituciones democráticas, que deben guiarse y hacer realidad dichos valores; ya que estos, por ser intangibles pues su misión es inspirar actitudes y acciones concretas, requieren un instrumento eficaz para hacerlos realidad. Así deben ser siempre las instituciones republicanas.
Por eso, cuando la institucionalidad republicana se ve amenazada y, con ello, la soberanía, surgen hombres que encarnan nuestros mejores valores hasta la muerte. Ellos son nuestros héroes, como es el caso de JUANITO MORA. Honrar su gesta y su memoria declarándolo oficialmente HEROE NACIONAL, es honrar nuestra Patria, es honrar nuestra independencia, es poner como modelo ante las actuales y futuras generaciones a quienes hicieron libre y soberano a nuestro pueblo en los más difíciles momentos de su historia.
Gracias a la vigencia de su legado, se hace permanente el acto del pasado que fue nuestra independencia. Hoy somos independientes, y libres en la medida en que funcione nuestra educación, en que los poderes de la nación actúen de manera independiente del tráfico de influencias, se rijan y se inspiren en hombres como Juanito Mora.
En conclusión, si queremos celebrar dignamente nuestra Independencia, debemos comenzar por preguntarnos si los hombres y mujeres de hoy somos fieles al legado de nuestros antepasados y si estamos dispuestos a mejorar las instituciones democráticas que le permiten a un pueblo vivir en condiciones reales de libertad y soberanía.
Porque 15 de Setiembre deben ser todos los días del año y todos los años de nuestra vida.

Arnoldo Mora