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Es un alivio que en este momento la Caja pueda pagar salarios y el resto de sus gastos. Pero no confundamos eso con la profunda limpieza, actualización y buena operación que debe implantarse en la institución


Pasó algo… pero no es la solución

Las actuales autoridades de la Caja han hecho un esfuerzo por mejorar el estado de las finanzas de la institución y hubo algunos resultados que le permitirán cerrar en positivo este año, como lo informa una nota de este medio ayer. Pero eso no significa la solución a fondo, integral y sostenible que necesita la entidad.
El argumento del envejecimiento de la población no es válido en absoluto. Primero porque no es la única causa, por mucho, de la mala situación financiera y de operación de la Caja, y segundo porque sus autoridades están ahí justamente para analizar todas esas causas, encontrar las soluciones idóneas e implementarlas.
La realidad es que esto es posible y solo falta la voluntad política para devolverle a la Caja el excelente funcionamiento que en sus inicios tuvo, de modo que pueda actualizarse y estar a la altura que le corresponde.
La realidad es que el país necesita convertir eso en una prioridad, porque sin una población con sanidad y educación de calidad y oportuna es impensable cualquier intento de que Costa Rica pueda caminar con cierta dignidad por el intricado mundo actual en el que debe moverse.
Tenemos la institucionalidad y la forma de financiarla para contar con esto, gracias a la acertada visión de estadistas en el siglo pasado. Solo es necesaria la puesta al día de aquella.
Lo bueno es que la transformación de la Caja en una institución que cumpla con lo que su ley constitutiva le manda es completamente posible.
Eliminar la evasión o morosidad en su recaudación, implementar una operación eficiente y bien supervisada, maximizar controles para vigilar el rendimiento y las compras e invertir en conocimiento y equipamiento de última generación, son algunas de las urgentes medidas que la Caja requiere, desde el punto de vista de su sistema hospitalario.
En cuanto a sus oficinas centrales y otros programas, se impone también una reestructuración, depuración, puesta al día y control de rendimiento. Sus autoridades durante los últimos ocho o diez años no fueron capaces de mejorar los servicios a pesar del ingreso de cerca de 11 mil nuevos empleados.
Es un alivio pensar que en este momento la Caja puede pagar salarios y el resto de sus gastos (incluso se ha comprado algún equipo) porque ha mejorado sus finanzas. Pero es necesario no confundir eso con la profunda limpieza, actualización y en general buena operación que debe implantarse en la institución y que pareciera será una de las prioridades que deberá enfrentar el próximo gobierno.
 

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