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Pasión dividida

Los hondureños se hicieron sentir, pero los ticos sonrieron a lo último

Luis Rojas
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Miles de hondureños invadieron ayer las gradas del Ricardo Saprissa, restándole presión a su equipo y estableciendo una verdadera guerra por el dominio del escenario, con la afición tica.
Los catrachos, algunos de los cuales se nos acercaron para decirnos que debieron acomodarlos a todos, en un solo sector, estuvieron distribuidos en diferentes partes del estadio, principalmente en la gradería este, donde con cornetas y gritos hicieron su bulla, la suficiente para competir con el resto del estadio que apoyaba a la tricolor.
Mientras que en la entrada, una chica vestida de cebra, le preguntaba a Gaetano Pandolfo, si él era Eduardo Lee (presidente de la Fedefutbol), por las gradas, ticos y catrachos subían, algunos mirándose feo, otros, abrazados.
Cuando los equipos salieron al campo para calentar, cuando los altavoces dictaron las alineaciones, cuando hubo que cantar los himnos nacionales, se sintió la fuerza de las dos aficiones.
En el puro corazón de la afición hondureña, llamaban la atención unas guapas ticas, modelos para una marca hondureña, con short y miniseta y que fueron las primeras en correr cuando minutos antes de iniciar el partido se armó un pleito entre los mismos catrachos.
El canto de los himnos fue una vergüenza para las dos aficiones; unos ticos chiflaron el de Honduras y luego los catrachos metieron bulla y cornetas en el de Costa Rica, tanto, que quienes estábamos en la gradería este ni siquiera nos escuchábamos.
Empezó el partido, y con él las tensiones. El portero hondureño Noel Valladares perdía tiempo, la gente le hacía el conteo, el árbitro no hacía nada. Honduras asustaba, Costa Rica no carburaba y mientras tanto la gente comentaba cómo “sonó” México y cómo se dejó empatar Trinidad y Tobago.
Para el segundo tiempo las cosas cambiaron. Los goles de Andy Furtado decidieron el partido, silenciaron a la afición blanquiazul, e inyectaron en la tica todo el sabor y la alegría contenida tras la incertidumbre de los primeros 45 minutos.
Paz y alegría tica, desazón catracha y al final todo fue fiesta; fiesta tricolor, fiesta nacional; uno que otro hondureño decía “vamos al Pueblo”, pero sus compatriotas como que ya no tenían ganas de enfiestarse.

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