Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 7 Mayo, 2009


De cal y de arena
Partido o maquinaria electoral

Dejaron las tiendas del Partido Liberación Nacional no por pelos en la sopa ni por apetitos personales frustrados. Claramente denunciaron que el movimiento político de sus amores fue copado por herejes que le impusieron la traición de sus raíces ideológicas y políticas y le convirtieron en mera maquinaria electoral al servicio de lo que alguien llamó una dinámica que privilegia el lucro y propicia la concentración de poder y riqueza en pocas manos. Aquella emigración de destacadas figuras de añosa militancia, probada solvencia intelectual y vocación de servicio público, alertó sobre el peligro del fin del “modelo liberacionista” de desarrollo económico y social de Costa Rica. Acusaron que el partido de tan ampulosa presencia había dejado de ser casa de los social demócratas para transformarse en herramienta de la penetración del neoliberalismo y la consolidación del poder de los Arias. Le reprocharon —al partido parido por la revolución que luchó contra la corrupción y el fraude electoral— su silencio ante la creciente marea de delitos de cuello blanco de refinada factura, más difíciles de detectar que la desacreditada y rudimentaria mordida.
Con el tiempo se destapó el maridaje del PLN con políticos “de enfrente” codiciosos que renunciaron a toda noción de la regla de frenos y contrapesos sin la cual las democracias sucumben. La investigación periodística había removido los velos de la impudicia y el partido siguió inerte. Más aún, fue por presión de la opinión pública —no del partido— que rodaron cabezas. Ni así reaccionó el partido para solaz de las uniones de conveniencia conformadas para controlar el poder y los grandes negocios.
Y aunque Liberación Nacional no haya dado muestras de desvelo ante el derrumbe moral e ideológico, aquellos mordaces críticos retornan al redil como si la cuestión de fondo fuese apenas un asunto de nombres y no de ética e ideología.

Mientras los partidos tengan dueño (Arias, Calderón, Solís, Guevara...) van a ser fácilmente convertidos en maquinaria electoral a un altísimo costo para la democracia. Será difícil depurarlos; será difícil hacer que se ocupen de algo mucho más trascendental que la promoción de un nombre. Debería ser prioritario rescatar las estructuras del PLN (y de los otros) para ir por los fueros de la moral y la ética en pos de la recuperación de la visión social de la democracia política que le dio a Costa Rica crecimiento económico con equidad.
En lo que respecta a la Unidad Social Cristiana, como yo concluí que su deformación política y ética no tiene cura y que ahí su resucitación es imposible, hace rato que me alejé de sus tiendas. Temo que si Liberación Nacional no expulsa a los mercaderes del templo, marchará por el mismo camino y quienes han precipitado el reingreso a sus filas bien podrían tener que admitir su candorosidad y falta de malicia indígena para entender el poder de la fuerza dominante que lo ha convertido en un “travesti político”.