París libra reñida batalla por un aire más limpio
El Gobierno ha aprobado duplicar las sendas para bicicletas, reemplazar los semáforos en rojo por carteles de ceder el paso a ciclistas y suministrar ayuda financiera para las compras de bicicletas eléctricas. Shutterstock/La República
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 Sus monumentos, avenidas y restaurantes pueden hacerlo, por supuesto, pero la intendenta Anne Hidalgo se ha comprometido a que la contaminación no lo hará. La ciudad, que el año pasado fue la anfitriona de la conferencia de las Naciones Unidas sobre el clima COP21, se quiere asegurar de que el aire de la capital francesa sea más limpio y que sus ciudadanos cuenten con un ambiente más saludable, dice la funcionaria.

A partir del 1º de julio, los autos registrados antes de octubre de 1997 y las motocicletas registradas antes de junio de 1999 estarán prohibidos en las calles de la ciudad en los días de semana, lo que eliminará los vehículos que contribuyen con cerca del 5% de los elementos contaminantes vinculados con cánceres, enfermedades cardíacas y problemas respiratorios como el asma.
París, rezagada entre las ciudades de la Unión Europea en cuanto al control de la calidad del aire, está introduciendo reglas que en los días de semana dejarán en sus calles solo los autos de emisiones cero o los vehículos a gasolina registrados después de enero de 2011 para 2020. Hidalgo enfrenta una batalla en dos frentes: en tanto los dueños de coches se levantaron en armas contra sus reglas, la Unión Europea está presionando a Francia para que cumpla con los límites de contaminación o enfrente sanciones. Y la tarea de la funcionaria se vuelve aún más desafiante por el hecho de que ciudades que son sus pares, como Londres, que inició su lucha por la calidad del aire hace más de una década en 2003, todavía lidian con niveles de contaminación amenazadores para la salud.


"París está yendo en la dirección correcta”, dijo Amélie Fritz, directora de relaciones públicas del organismo controlador de la calidad del aire Airparif, señalando que limitar el tránsito en la renombrada Avenida de los Campos Elíseos de París un domingo al mes redujo los niveles de dióxido de nitrógeno en 30% esos días. “Esto muestra que la ciudad puede hacer una diferencia dependiendo de cuán lejos vaya". Nada ambicioso
Para algunos, París no está yendo lo suficientemente lejos.
"París está entre las ciudades que solo ahora empiezan a ocuparse seriamente de los graves problemas de calidad del aire, conocidos desde hace años", dijo Arne Fellermann, experto en transporte de Amigos de la Tierra Alemania, organismo que elaboró un ranking de ciudades europeas. París obtuvo en este una muy baja nota en cuanto a reducción de emisiones. “No vemos suficiente ambición, todavía. Los conductores deben aceptar que son una parte importante del problema", agregó. Los dueños de vehículos no se dan por aludidos. Se han quejado de que prohibir los autos a partir de agosto en una nueva porción de las riberas del Sena, el río que atraviesa la ciudad, agravará los embotellamientos de tránsito.
La oposición está obligando a la ciudad a dar pasos cortos. El Gobierno ha aprobado duplicar las sendas para bicicletas, reemplazar los semáforos en rojo por carteles de ceder el paso a ciclistas y suministrar ayuda financiera para las compras de bicicletas eléctricas, suscripción al sistema de autos eléctricos compartidos de la ciudad y un proyecto para eliminar automóviles. Entre los actuales esfuerzos para lograr una ciudad más verde están el agregado de 30 hectáreas de parques, cerca de un séptimo de los famosos jardines de Luxemburgo parisinos– y triplicar la cantidad de paredes y techos con flores y otras plantas.

 


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