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Desarrollo acelerado de proyectos inmobiliarios y mal manejo de aguas residuales ponen en riesgo las costas nacionales
Paraíso ecológico se ensucia

• Cinco playas han sido declaradas “insalubres” por la alta presencia de materia fecal
• Empresarios temen un descenso en el flujo de turistas en un plazo de diez años


Carolina Barrantes
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Costa Rica se jacta de tener el 4% de la biodiversidad del mundo y de que la cuarta parte del territorio es área protegida. Sin embargo, los abusos al ambiente están poniendo en riesgo la imagen verde del país.
El impacto ecológico es inevitable y se ha agudizado por los escasos controles sobre el manejo, disposición de los desechos sólidos y aguas residuales que produce la población diariamente.
Pero también ha influido la falta de inspección que existe sobre el desarrollo de proyectos inmobiliarios en las playas nacionales.
Los propios empresarios turísticos pronostican que el daño ambiental podría manifestarse en una caída de la ocupación hotelera a seis o diez años plazo.
Lo anterior, debido a que el país perdería su atractivo ecológico con respecto a otras naciones latinoamericanas que se promocionan como destinos ambientales, entre ellas, Panamá y Ecuador, adujo Alberto Quintana, propietario de la empresa Hacienda Pozo Azul, en Sarapiquí, que ofrece actividades al aire libre a los turistas.
Un criterio similar externó Sara Jiménez, encargada de Mercadeo del Hotel Punta Leona, quien aseguró que si Costa Rica sigue perdiendo sus riquezas naturales, no tendrá un atractivo que la diferencie de otras naciones en el mundo.
Ante este panorama algunos hoteles han decidido aplicar programas por cuenta propia para disminuir el impacto ecológico que generan durante sus operaciones.
La falta de controles ambientales en el país se revela por ejemplo en el tratamiento de aguas negras, existen más de 100 plantas pero no se tiene un dato exacto de cuántas funcionan a cabalidad.
La problemática surge debido a que la mayoría de esas estructuras fueron construidas hace más de 20 años, por lo que su capacidad de operación no concuerda con la cantidad de aguas residuales que se genera en la actualidad.
Además, enfrentan problemas por la cantidad de desechos sólidos arrojados en las vías nacionales y que son arrastrados por las lluvias hacia las alcantarillas.
La consecuencia directa de este descuido es que cuatro cuencas hidrográficas presentan en la actualidad altos índices de contaminación en diferentes sectores, debido a la descarga de aguas residuales.
Esas cuencas son las de los ríos Virilla y Tárcoles; Reventazón, Tempisque y Barranca.
Esta situación provoca que dichas aguas no puedan utilizarse en la agricultura, como fuente para potabilizar o en actividades recreativas, de acuerdo con la cantidad de sustancias contaminantes que contienen.
“Las descargas de aguas residuales son tan altas en los ríos, que estos no tienen capacidad de recuperación natural, por lo que es frecuente encontrar una cantidad importante de desechos sólidos y malos olores, como ejemplos de la alta contaminación que contienen”, comentó Luis Diego Jiménez, consultor ambiental, de Rainforest Alliance.
La contaminación de las cuencas hidrográficas también ha provocado un impacto ecológico “muy elevado” en algunos puntos de las costas nacionales, las cuales tienen una amplia afluencia de turistas nacionales y extranjeros.
Tal es el caso del balneario municipal de Limón y la playa Portete en el Caribe, así como las playas de Tárcoles, Quepos y Azul en el Pacífico, que fueron declaradas “no aptas” para la realización de actividades recreativas como la natación.
Esta medida la dispuso el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA), debido a que la alta descarga de aguas residuales en el mar de esas playas, representa un riesgo para el contacto con la piel de las personas.
Así por ejemplo, solo en el balneario municipal de Limón, el mar tiene más de 14 mil coliformes fecales por cada 100 mil mililitros de agua, mientras que la medida máxima que permite el AyA es de 240 coliformes fecales en la misma cantidad de líquido.
Otro factor que ha provocado un impacto ecológico en las zonas costeras nacionales es el auge de proyectos turísticos inmobiliarios que se ha dado en los últimos años. Esto por cuanto los municipios de las zonas cuentan con planes reguladores para la explotación de las playas; sin embargo, en algunos casos se ha dado un uso inadecuado de la zona marítimo terrestre y se han avalado proyectos que generan grandes efectos ambientales.
En 2006 se presentó un incremento del 200% en la cantidad de metros cuadrados de construcción de proyectos inmobiliarios con respecto al año anterior, principalmente en Guanacaste y Puntarenas, según lo reveló la Cámara Costarricense de la Construcción.
La mayoría de los proyectos están constituidos por casas de segundo uso, es decir, que son alquiladas por turistas extranjeros que visitan el país por varios meses. Además, condominios de lujo tanto en la modalidad horizontal como vertical.
Entre los efectos ambientales que ha provocado la edificación de algunos de estos inmuebles, están la pérdida de la zona boscosa de las costas y el incremento de la cantidad de desechos y sustancias contaminantes que son arrojados en los mares. Además, la disminución de las especies que habitan en esas zonas.
Tal es el caso de Playa Tamarindo que enfrenta la pérdida de cerca de un 10% en la cantidad de tiburones y langostas, adujo Claudio Gallo, propietario de Agua Rica Diving Center, una empresa dedicada al buceo.
“Este panorama vislumbra que el país está enfrentando un desarrollo económico a costas de la pérdida de sus recursos naturales, y que se enrumba hacia un futuro incierto en cuanto a la atracción turística”, concluyó el consultor ambiental de Rainforest Alliance. 

 

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