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Se espera que la experiencia de Cinchona haya servido de aprendizaje para que los protocolos de auxilio a zonas afectadas se puedan llevar a cabo en menos tiempo y con mayor eficiencia

Para una ágil estrategia de auxilio

A un año de lo sucedido en Cinchona, se disparó ayer la alarma en el país por la erupción del volcán Turrialba, una situación previsible desde que reiniciara actividad el coloso de algo más de 3.300 metros de altitud, detectada desde mayo de 2007.
La situación, dada a conocer ayer por este medio, provocó la declaración de alerta verde por parte de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) y la activación de varias instituciones que deben trabajar de forma coordinada ante fenómenos como este.
No se sabe cuál será la evolución de estos movimientos del volcán, que si bien lanza ahora ceniza no magmática, podría comenzar a expulsarla ya que podría ser este el inicio de una actividad mucho más intensa.
Costa Rica vivió en la primera mitad de la década de 1960 más de un año de “lluvia” de cenizas lanzadas a gran altura por el cráter del Irazú y esparcidas hacia diversas zonas del país, en especial el Valle Central, de acuerdo con la dirección y fuerza de los vientos. Fenómeno que causó innumerables problemas y pérdidas al país.
Aunque no se sabe el giro que tomarán las cosas en el caso del volcán Turrialba, lo que se espera es que la reciente experiencia de Cinchona haya servido de aprendizaje para que los protocolos de auxilio a los pobladores de zonas afectadas se puedan llevar a cabo en menos tiempo y con mayor eficiencia.
En este caso la situación afecta a la actividad agropecuaria que caracteriza a la zona además del turismo. Es de suponer que instituciones como la CNE, el IMAS, los ministerios de Agricultura y de Salud, la Cruz Roja y la Compañía Nacional de Fuerza y Luz, entre otras, hayan tomado medidas preventivas y elaborado, por ejemplo, prelistados de posibles afectados y sus condiciones, que aligeren los trámites luego, en caso de auxilio a evacuados. Esto por cuanto, como se dijo antes, el fenómeno era esperado.
Correspondía asimismo al Ministerio de Obras Públicas y Transportes, prever que estuvieran en condiciones adecuadas para una posible evacuación de personas y animales las carreteras y vías principales y alternativas.
Estas y otras medidas, tomadas en forma preventiva es lo que puede significar una variante en la tónica de gestión lenta debido a la descontrolada burocracia y a la falta de prevención vividas en general en el país.
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