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El nombramiento de alguien con amplios conocimientos y experiencia y la oferta reciente de líderes de oposición a la presidenta electa, de apoyar presupuestos para Seguridad abren esperanza

Para aliviar la intranquilidad

El nombramiento de José María Tijerino como ministro de Seguridad despertó interés en la población. Todos los nombramientos lo suscitan en alguna medida, pero, como sabemos, el problema de la inseguridad es la principal preocupación de la población e incide en todas las demás actividades de la vida en sociedad.
Con amplios conocimientos y experiencia en materia penal, habiéndose desempeñado como jefe del Ministerio Público y como asesor internacional, el futuro ministro del ramo tiene una tarea monumental enfrente, pero también capacidad y decisión para sacarla adelante, a juzgar por sus declaraciones en las que manifestó que “esta es la última oportunidad del país de rescatar su seguridad sin sacrificar sus garantías constitucionales y libertades”.
La presidente electa, Laura Chinchilla, por su parte, en las reuniones que sostuvo con líderes de oposición, logró de ellos la promesa de que apoyarán en el Congreso presupuestos para la lucha contra la inseguridad. Se abre quizás una nueva esperanza.
Los resultados de una encuesta de CID Gallup para LA REPUBLICA a finales del año pasado reflejaban que la población le cobraba a la actual administración el no haber cumplido con esa tarea. Era lógico que así fuera en ese momento y aún hoy, porque la situación continúa igual; la criminalidad sigue atacando a la población, despojándola de sus bienes y a veces también de su vida. Nadie puede realizar sus tareas cotidianas o disfrutar de ratos de ocio sin sentirse amenazado por la posibilidad de un asalto.
Muchas familias y empresas destinan recursos económicos que podrían encauzar hacia otras áreas como educación, salud y generación de más empleo, a implementar una costosa seguridad privada con la esperanza de aliviar un poco la angustia del peligro permanente.
Sin duda los costarricenses necesitan recuperar la paz y la posibilidad de volver a usar los espacios públicos y las calles sin temor a ser atacados. Se sabe que la tarea no es fácil y que requiere muchos recursos, pero no es imposible si existen la voluntad política y la capacidad para hacerlo.
Uno de los principales retos, sin duda, para la nueva administración, que suponemos contará con el apoyo de todos por tratarse de enfrentar un flagelo que cada día cae con mayor fuerza sobre la gente.


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