Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 1 Marzo, 2013

Llama la atención la supuesta objetividad con que la prensa anticlerical ha informado sobre la renuncia papal


Papa emérito

La renuncia del Papa Benedicto XVI ha tenido un ángulo informativo poco analizado: cómo los mismos medios han reaccionado ante el desarrollo de esta noticia.
Lo que más me ha llamado la atención es en particular la posición de la prensa anticlerical alrededor del mundo.
Por más que se hayan ignorado muchos acontecimientos de bondad de la Iglesia Católica, la renuncia del Pontífice no pudo pasarse por alto.
En cierto modo, este hecho representa una aceptación implícita de la enorme relevancia que todavía guarda a nivel global. Es difícil borrar la institucionalidad de más de 2 mil años del cuerpo apostólico romano.
Este Papa tuvo la valentía de emprender un diálogo interreligioso, defender la vigencia de la doctrina mediante un puente entre la razón y la fe, en un mundo que todavía sufre las secuelas de la ideologización del conocimiento.
Ante los ojos malintencionados, cualquier esfuerzo realizado por corregir su rumbo ha resultado insignificante. Lo que prevalece es una cultura de intransigencia, incluso por parte de aquellos que hoy levantan la bandera de la tolerancia.
Sin embargo, estas apreciaciones solo reflejan el odio y el escarnio que existen contra lo católico, algunas se manifiestan de forma abierta, mientras otras se enmascaran como expresiones culturales aceptadas.
La Iglesia la constituye el cuerpo de creyentes, no solo el clero; por ser humana también es imperfecta, y de esta realidad nadie escapa, incluso los medios que la odian.
Al leer las “noticias”, podemos entonces partir del hecho de que los temas relacionados con ella, por controversiales o inofensivos que sean, estarán cubiertos de un sesgo, ya sea a favor o en contra, pero que en todo caso ese halo de supuesta objetividad a la hora de observar esta realidad, no existe.
Las especulaciones, mofas y hasta las descaradas opiniones de aversión, son parte de ese coctel de peligrosa intolerancia hacia lo católico que pregona una parte de la prensa internacional.
La persecución contra la Iglesia no representa ninguna novedad; durante su historia más se fortalece cuanto más la agreden. Tras dos milenios lo que sí resulta triste es la pobreza intelectual con que hoy se le ataca.

Luis Alberto Muñoz Madriz