Papa y Bush reiteran condena al terrorismo
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Grito de “¡Que Viva el Papa!” resonó en la Casa Blanca

Papa y Bush reiteran condena al terrorismo

Líderes denunciaron la “manipulación” de la religión para justificar la violencia

Washington
EFE

El papa Benedicto XVI y George W. Bush, presidente de Estados Unidos, denunciaron ayer durante su encuentro en la Casa Blanca “la manipulación” de la religión para justificar el terrorismo.
Benedicto XVI fue recibido ayer por Bush en los jardines de la Casa Blanca con una espectacular ceremonia a la que asistieron unas 13 mil personas, según los datos de las autoridades estadounidenses, y después ambos se reunieron en privado en el Despacho Oval.
Durante esta reunión, ambos manifestaron “su total rechazo al terrorismo y a la manipulación de la religión para justificar actos inmorales y violentos contra los inocentes”, según un comunicado conjunto.
Señalaron, además, “la necesidad de contrastar el terrorismo con medios apropiados que respeten la persona humana y sus derechos”.
Este concepto lo había expresado el presidente Bush durante su discurso de bienvenida al Papa, cuando afirmó que “en un mundo donde algunos invocan el nombre de Dios para justificar actos de terrorismo y de muerte y de odio” se necesitaba el mensaje que lanzó el Papa alemán “Dios es amor”, título de su primera encíclica.
“Abrazar este amor es la manera más segura de salvar a los hombres de caer presa de las enseñanzas del fanatismo y el terrorismo”, afirmó el mandatario estadounidense.
El Papa pronunció, por su parte, un discurso en el que elogió a Estados Unidos por haber sabido crear un Estado con una fuerte presencia de los valores religiosos, y donde, además, se defiende la libertad de expresar cada uno su fe.
La guerra en Irak fue otro de los argumentos que Benedicto XVI y Bush trataron en privado, y expresaron su “común preocupación” por la situación del país árabe y, en particular, “por la precariedad en la que viven los cristianos”.
El Vaticano se opuso a la invasión de Irak en 2003, pero ahora su posición está orientada a la necesidad de una presencia militar para dar estabilidad y proteger a las minorías cristianas en ese país.
Tras la reunión con Bush, el Papa celebró su cumpleaños con un almuerzo privado en la nunciatura, en el que participaron los cardenales estadounidenses.
Por la tarde, el Papa tiene previsto una celebración con los obispos estadounidenses, que será la primera ocasión para hablar con ellos del escándalo de la pederastia entre sacerdotes.
Mientras tanto varios “¡Qué viva el Papa!”, gritados en español, rompieron la protocolaria ceremonia de bienvenida a Benedicto XVI que organizó Bush.
Los “viva” fueron pronunciados a la llegada del Papa por algunos de los católicos de origen latinoamericano presentes en la ceremonia, a la que asistieron cerca de 13 mil personas, según las cifras dadas por las autoridades estadounidenses.
Respecto al resto de asistentes, los hispanos que ayer esperaron durante horas bajo el sol en los jardines de la Casa Blanca no eran muchos, aunque en realidad entre los católicos de Estados Unidos son más de 30 millones (un 35%).
Algunos de los hispanos presentes eran residentes en Washington, pero otros llegaron desde la costa Oeste para encontrar a un Papa del que “saben poco” y que quieren conocer, explicaron.
“No lo conocemos tanto como a Juan Pablo II, pero con esta visita se va a ganar nuestro cariño”, explicó a Efe Romanita, una joven nacida en Estados Unidos e hija de inmigrantes mexicanos.
Según Romanita, los católicos estadounidenses no conocen a Benedicto XVI, pues lleva solo tres años de Pontificado y los medios de comunicación del país ahora están empezando a hablar de él.
“Yo creo que Benedicto XVI es un gran hombre, una persona profunda y muy intelectual”, añadió.
En su discurso, el Papa se presentó como “amigo y anunciador del Evangelio” y explicó que “los católicos de América han ofrecido y siguen ofreciendo una excelente contribución a la vida de su país”.
Asimismo, deseó que su visita a Estados Unidos, que comenzó el martes y durará hasta el domingo, “pueda ser fuente de renovación y esperanza” para este país y refuerce la voluntad de los católicos de contribuir más responsablemente a la vida de la nación.



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