Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 5 Agosto, 2015

La política es una esfera aparte de la religión y necesita políticos que tomen decisiones, malas o buenas, pero que las tome

Pizarrón

¡Pantalones presidenciales se necesitan!


Cuesta entender actos del señor presidente Luis Guillermo Solís, que pareciera continuar con su administración de las caravanas de la alegría a la caravana de la tristeza.
Tres actos recientes de su participación sorprenden la forma y fondo.
Un desayuno el viernes pasado, convocado por CINDE en el Hotel Intercontinental, donde CINDE analizaba resultados de una encuesta que habían hecho en el sector empresarial, y que en el evento representantes de INTEL, Baxter y otros, se refirieron a ella.
En este desayuno, cuyo plato fuerte, o centro de mesa, sin lugar a dudas, era la presencia del Presidente, y la expectativa de lo que iba a decir e intercambiar, en opiniones o preguntas, con los empresarios y representantes de empresas allí reunidos, sobre todo cuando en el país, el sector empresarial está altamente preocupado por el rumbo político, económico, financiero y tributario que lleva, situación que provoca fuga de capitales hacia el extranjero, traslados de empresas nacionales a otros países, cierre de empresas y aumento de desempleo…
Pues bien. El Presidente llegó al ceremonioso desayuno y habló… escasos 15 minutos, que dedicó a comentar la noticia del día, sobre papaya y piña…, de uno de los matutinos nacionales. Lo único importante que dijo en ese desayuno es que su gobierno garantizaba las inversiones extranjeras.
Luego un funcionario dijo que por PROTOCOLO no recibiría más de tres preguntas… se hicieron dos y un comentario y se largó del desayuno.
Después del Presidente, rompiendo y violando el protocolo, el Presidente siempre es el último orador, habló media hora un Ministro, que al terminar, sin preguntas, también se largó del acto.
¿Qué seguridad pueden dar estos funcionarios a tan importantes sectores productivos allí reunidos para oírlos, deseosos probablemente de recibir un mensaje y un análisis de país que produzca confianza, o de reglas claras a las que se deban atener?
El 2 de agosto, sin disfraz de obispo ni de monaguillo, lo que se le ocurre decir es que recen por él para que le vaya bien en su gobierno. El Dios católico no se mete en política costarricense. Tiene abandonados a los políticos que le piden su apoyo, o se le encomiendan a su divina suerte, porque están enfrentados a la jerarquía católica o andan con otros obispos.
Rezar es hacer oración y orar es rogar, pedir, suplicar, en este caso a Dios. ¿Tan mal estamos los costarricenses, o Costa Rica, con usted, señor Presidente, o con su gobierno?
Vuelva a leer El Príncipe, señor Presidente. El Príncipe no debe ser religioso aunque sí aparentarlo, dice Maquiavelo, y debe ACTUAR POLÍTICAMENTE, no apegado a dogmas ni principios religiosos. La política es una esfera aparte de la religión y necesita políticos que tomen decisiones, malas o buenas, pero que las tomen, y que con ellas lo teman o lo amen.
Siguiendo a Maquiavelo le falta la voluntad virtuosa de saberse imponer, de saber hacer algo bien hecho, de tener sentido de la realidad, de rápido entendimiento de las circunstancias que le rodean, de decisión heroica en sus actos y saber desprenderse de los escrúpulos morales que le anclan para lograr los fines que se ha propuesto en su gobierno.
Habla el Presidente de la necesidad de aumentar el número de diputados, pero no manda el proyecto de reforma constitucional para lograrlo. Así con otros proyectos que los ciudadanos esperan.
¡Pantalones presidenciales es lo que se necesita!

Vladimir de la Cruz