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Panorama abrumador

• La ganadora del Oscar como mejor película de 2007 es una amarga reflexión sobre una sociedad en decadencia

“Sin lugar para los débiles”
(No Country for Old Men)
Dirección: Joel y Ethan Coen. Reparto: Tommy Lee Jones, Josh Brolin, Javier Bardem, Woody Harrelson. Duración: 2.02. Origen: EE.UU. 2007. Calificación: 9.

Con su duodécima realización, los geniales hermanos Joel y Ethan Coen vuelven a los mejores niveles de su carrera. Aunque no superan los resultados extraordinarios que alcanzaron con “Fargo” (1996) o “El gran Lebowski” (1998), ellos rozan la perfección gracias a “Sin lugar para los débiles”, impecable adaptación de la homónima novela de Cormac McCarthy.
En esta oportunidad, los Coen dejan a un lado los virtuosismos de cámara y las extravagancias visuales que usualmente caracterizan sus obras. Adoptan un estilo más austero y comedido, encontrando el equivalente cinematográfico ideal de la prosa de McCarthy. Insólita fusión de cine negro y western moderno, la cinta ganó cuatro premios Oscar, incluyendo el de mejor película de 2007.
Ambientada en 1980, la trama deja aflorar un panorama abrumador de la nación estadounidense. Esta asiste impotente al ocaso de sus valores tradicionales, suplantados por una ola de cínica amoralidad.
En el sur de Texas, se entrelazan tres historias, correspondientes a las figuras centrales del relato. Llewelyn Moss es un hombre de campo, quien se encuentra cazando antílopes cuando descubre, en medio del desierto, los vestigios de una masacre. Hay varios cadáveres acribillados, un cargamento de drogas y un maletín con $2 millones en efectivo.
Sin pensarlo dos veces, Moss se lleva el dinero. Lo persigue Anton Chigurh, un asesino a sueldo contratado por los narcotraficantes para recuperar el botín. Chigurh es un psicópata, que mata por trabajo y por placer. El tercer personaje es Ed Tom Bell, un anciano alguacil, quien intenta descifrar los crímenes brutales que están sucediendo en su condado.
Narrada con infalible precisión, la intriga se desarrolla con una cadencia apremiante y una intensidad magistral. Genera una tensión poderosa que nunca afloja, rivalizando con las mejores producciones de la era clásica.
El ambiguo desenlace está destinado a generar una sensación de frustración en muchos espectadores, pues el argumento queda irresuelto y deja más preguntas que respuestas. Así ocurre en el texto original, donde se pretende lanzar una mirada profundamente pesimista a una sociedad en decadencia, desgarrada por la injusticia, el egoísmo, la codicia y la violencia sin sentido.
Las actuaciones de Josh Brolin y Tommy Lee Jones son magníficas, pero quien sobresale es el galardonado divo español, Javier Bardem. Su inquietante retrato de un villano sin remordimientos, armado con una pistola de aire, al mismo tiempo atractivo y repulsivo, es absolutamente inolvidable.
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