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Miércoles 25 Junio, 2014

El único aliento es que seguimos considerando a la escuela como un espacio libre de corrupción. Si los maestros también están a salvo, de ahí provendrá el único y verdadero cambio


¿"País corrupto"?

Cuando a Adolfo Ruiz Cortines le ponderaban a alguien como honesto, reviraba: —¿Ya lo pusieron donde hay?—.
La nueva encuesta del INEGI no deja lugar a dudas: México supuestamente es un país corrupto.
El primer corte de la encuesta es dramático. Más de 75 de cada cien mexicanos piensan que la corrupción es frecuente o muy frecuente en los gobiernos de los tres niveles, en los legisladores y en los partidos políticos.
Caso singular la percepción sobre el sistema de prevención y persecución del delito: 78 mexicanos de cada cien creen que el ministerio público es corrupto y 89 de cada cien, que la policía lo es.
Esto es una radiografía descarnada de la certeza ciudadana sobre la podredumbre del sector público en México.
Pero la tragedia no termina ahí. En un segundo corte, más de 60 de cada 100 mexicanos creen que los empresarios, los sindicatos, los medios de comunicación, los jueces y los institutos electorales son corruptos.
Pasamos, entonces, de un tumor a una metástasis. Solo el ejército, los sacerdotes y las escuelas se salvan, y eso con niveles superiores al 30%.
Los mexicanos confían, sí, pero solo en sus vecinos y familiares.
Los ciudadanos creen que viven en una sociedad corrupta, y tienen razón. La corrupción no es una moda: es una cultura. No es origen de un gobierno: es un sistema de vida.
El ciudadano sabe que la autoridad deja de serlo cuando tiene precio.
Que los medios cobran para callar. Que el juez subasta la justicia.
Que los representantes no legislan: ofertan. Entienden claramente por qué hay obreros pobres y líderes ricos. Saben que los puentes se derrumban o las calles se desgajan porque la obra no es un bien público, sino un negocio privado.
La corrupción es una fuente mayúscula de tensión social porque resulta ofensiva la ostentación del abuso cuando hay tanta desigualdad.
Curioso el dato, sin embargo, que el ciudadano piense que hay corrupción en todas partes, salvo en él y su familia. La realidad, sin embargo, le desmiente. México ha ido y venido en experimentos institucionales para abrir las puertas a nuevos actores políticos y nada ocurre.
Entraron los empresarios al gobierno, y robaron. Entraron los ciudadanos a organizar elecciones, y fallaron. Entró la academia a la procuración de justicia, a defender los derechos humanos a garantizarnos el acceso a la información: igual fallaron.
El único aliento es que seguimos considerando a la escuela como un espacio libre de corrupción. Si los maestros también están a salvo, de ahí provendrá el único y verdadero cambio.
Mientras tanto, las cifras son elocuentes y dan la razón a Adolfo Ruiz Cortines: los pocos honestos que hay aquí, quizá, son a los que no los han puesto en donde hay.

Fernando Vázquez Rigada

@fvazquezrig