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Incumplimiento de pagos de los gobiernos y malas administraciones que generaron serios problemas, son las causas que llevaron a la Caja a la situación financiera que debe resolverse

Pagar deudas y manejar bien la Caja

La crisis actual de la Caja tiene varios orígenes. Uno de ellos, la enorme deuda con la institución que fueron adquiriendo los últimos gobiernos al tomar la decisión de no girarle los dineros que les correspondía.
Al dejar de hacerlo, le fueron ocasionando un problema financiero importante y posteriormente, de los arreglos de pago que los gobernantes firmaron con la Caja desde 2003, no todos han sido cancelados. Hay cerca de ¢108 mil millones pendientes de cancelación, de acuerdo con lo informado en una nota de este medio ayer.
Lo anterior a pesar de que en dichos acuerdos se indican fechas límites para saldar las sumas por las que se suscribieron, y de que la mayor parte de lo adeudado se paga con bonos de la deuda interna.
Ese incumplimiento a la ley por parte de los gobiernos, sumado a la mala administración que permitió que se generaran otros serios problemas, son las causas que llevaron a la entidad a la situación financiera que hoy enfrenta.
Resumiendo, incumplimiento del Gobierno por no girar dineros de los costarricenses a la Caja e incumplimiento de sus deberes de quienes tenían a su cargo la institución.
No obstante, y a pesar de que la responsabilidad estaba así delimitada, son los costarricenses asegurados los que sufren hoy las consecuencias.
Así las cosas, la única salida aceptable para el problema es que el Gobierno tome la decisión de enmendar los errores cometidos y que han puesto en peligro algo tan esencial como la salud de la población.
Esta es la realidad. Si para otros aspectos de gran importancia, como la educación, se han tomado medidas enfiladas a suplir carencias, de igual modo debe hacerse con la deuda con la Caja, puesto que la salud es prioridad número uno, como es lógico. Sin salud y sin buena y oportuna atención para recuperarla cuando se pierde, las personas no pueden ni estudiar ni trabajar.
Por otra parte, la renuncia de algunos funcionarios no soluciona los errores cometidos. Estos solo podrán ser enmendados por quienes lleguen a asumir esos cargos que, desde la aceptación de sus nombramientos, saben que tendrán en sus manos enderezar los malos manejos de que fue víctima la entidad y con ella los asegurados.

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