Marcello Pignataro

Enviar
Lunes 16 Junio, 2008

Padres
Marcello Pignataro

Quisiera empezar mi columna del día de hoy enviando mi más sincera felicitación a todos los padres que ayer celebramos —porque en definitiva me uno al grupo— nuestro día. Un día comercial por demás, ya que todos los días deberían ser del padre, de la madre, del niño, del árbol, de la familia, etc. pero que siempre queda marcado en nuestra memoria por lo que haya podido representar compartir con nuestros seres queridos.
Para mí es el segundo Día del Padre sin ninguno de mis dos papás (padre y abuelo), dado que Dios decidió hace poco más de un año que ya habían cumplido su misión aquí en la Tierra y les encomendó otras labores en terrenos más celestiales y acordes con sus virtudes.
Es curioso el ser humano en el sentido de cómo valorar, superar o vivir con la muerte de un ser querido. Ha habido ocasiones en las que he sentido que, más allá de los recuerdos y el amor que siempre les tendré, su partida había terminado de afectarme emocionalmente. Mas, cuán equivocado estaba en ese sentido.
Aún hoy, a casi dos años de la partida de ambos, los extraño. Extraño conversar con ellos, abrazarlos, decirles que los quiero. Me hacen una falta enorme y lo único que puedo hacer es pedirle fortalezas al Señor para hacer esta vida más llevadera en su ausencia dado que, en apariencia, mi misión en este mundo aún no está terminada.

Pero la felicitación va para todos los padres que de verdad lo son. Aquellos que no sienten pena de demostrar su amor y cariño hacia sus hijos. Aquellos que son firmes sin ser duros. Aquellos que son complacientes sin ser alcahuetes. Aquellos que no tienen necesidad de complacer materialmente a sus hijos para compensar las ausencias de cariño.
Aquellos que están pendientes de las tareas de los hijos, de las novias o novios, de los amigos. Aquellos que detectan con solo una mirada el estado de ánimo de esos que en su momento fueron personitas indefensas en este mundo. Aquellos que se desviven por que sus hijos tengan un mejor bienestar y futuro del que ellos mismos han podido disfrutar.
Aquellos que son felices cuando sus hijos lo son, que se entristecen con sus lágrimas y que sufren por sus desamores. Aquellos que sacan tiempo de donde no hay para dar un consejo sabio —aunque no haya sido pedido— y una voz de aliento en épocas difíciles.
Felicidades, entonces, a los papás de verdad. Espero que mis hijos me consideren uno de ellos.

Finalmente quisiera invitar a mis estimables lectores a que me visiten en mi blog. En este, además de mis columnas semanales con LA REPUBLICA, trato de comentar diariamente acerca de temas que me interesan y que (¿por qué no?) les pueden interesar a más personas. Sus comentarios son más que bienvenidos y agradecidos, así como agradezco enormemente los correos electrónicos que recibo.

Algo muy importante: la dirección es http://rainmaker-cr.blogspot.com.

[email protected]