Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 14 Septiembre, 2011


Hablando Claro
Pa(C)so adelante

Finalmente el PAC optó por dar dos pasos al frente. Primero, como producto de la coyuntura y los avatares del ajedrez político Acción Ciudadana asumió la conducción del directorio legislativo gracias a su alianza con otros partidos de la oposición. Ahora, a sabiendas que tiene una clara opción de hacerse con las elecciones de 2014, no podía seguir titubeando y apuró el camino para sacarle pecho a la tarea pendiente de una reforma tributaria.
Por supuesto no es un cheque en blanco. Es pura y simple responsabilidad política. La reacción virulenta de tres o cuatro actores contra esa acción cabal parece demostrar que entre tanta oposición y enfrentamiento algunos olvidan tareas básicas ineludibles e irrenunciables.
Nuestro Congreso no puede seguir solo gestionando el control político. Tiene que procurar cambios y adecuaciones en el marco legal que realmente nos permitan avanzar.
Es más que sano que Acción Ciudadana juegue en la delantera de esta escena. Le ha costado tiempo y no pocos “dolores de crecimiento” asumirse en condición de verdadero actor político más que de movimiento inspirador y aglutinador de malestares democráticos.
Es necesario ahora que enfrente el pequeño vendaval de escaramuzas internas y también de inexplicables insultos y hasta exabruptos de aquellos que desde afuera pretenden inmovilizarlo por una alianza que solo se cohesionó como producto de una coyuntura determinada y para un propósito específico, que por lo demás se está cumpliendo a cabalidad.
Venimos postergando el amargo tratamiento de una reforma fiscal desde hace una década porque los grupos de poder económico han impuesto su rotunda negativa. Pero aun, las clases menos favorecidas con el modelo económico del último cuarto de siglo, han llegado a convencerse de que el ajuste impositivo caerá indefectiblemente sobre sus espaldas precisamente porque el discurso político contra la reforma ha sido muy efectivo en sus propósitos.
El sociólogo francés Alain Touraine dice que en estos tiempos de crisis política, económica y cultural en Occidente debemos cambiar nuestras escalas “para comprender unos fenómenos cuyo aspecto más extraordinario es que nadie parece ser consciente de ellos”.
Y dice también que a pesar del escepticismo y la inacción política “la idea novedosa es, más allá del gobierno de la mayoría, la del respeto de las minorías” En otras palabras, no es que no tenemos ideas para cambiar el estado actual de las cosas. Es que no tenemos suficiente valor para encarar las decisiones. Por eso, argumenta que nuestra impotencia económica, política y cultural no es consecuencia de la crisis, sino su causa general. Y si no tomamos conciencia de esta realidad ahora, cuando queramos cambiarla “entonces será demasiado tarde para intentar atenuar una crisis que ya se habrá convertido en destino”.
Es hora de que la política dé respuestas efectivas para remozar la democracia atendiendo las necesidades reales de la gente común.

Vilma Ibarra