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Es natural que un país pionero en desarrollo sostenible tenga que replantearse constantemente el rumbo de acuerdo con la evolución de la economía

Otro paso hacia el desarrollo sostenible

El 23 de setiembre Costa Rica anunció la creación del cargo de embajador para asuntos ambientales, que representará al país ante foros internacionales en esta materia.
El primer titular de este puesto es el geólogo Javier Díaz Carmona, quien ya ha integrado delegaciones costarricenses en conferencias sobre convenciones de Naciones Unidas relacionadas con cambio climático y biodiversidad.
Sin duda, el éxito que obtuviera en su función el señor Díaz representaría un paso más en la lucha que este país despliega desde hace más de cinco décadas en este campo.
Costa Rica, además de tener bajo protección el 30% de su territorio —las primeras áreas fueron creadas en 1955—, se ha propuesto la meta de convertirse en 2021 en el primer país del mundo carbono neutral.
Este compromiso con la naturaleza ha sido reconocido en distintas ocasiones, una de las más recientes fue el tercer lugar, entre 163 naciones, que nos concedió el Indice de Desempeño Ambiental (EPI, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Yale, en su décima edición, apenas debajo de Islandia y Suiza.
Recientes proyectos de inversión, en los campos minero, turístico, industrial y otros, nos han obligado a analizar hasta qué punto los conceptos de desarrollo y protección ambiental son compatibles o antagónicos; y es natural que un país pionero en este tema tenga que replantearse constantemente el rumbo, de acuerdo con la evolución de su economía interna y de la externa.
Afortunadamente, Costa Rica ha ido despejando el camino en cuanto a reducir el impacto que los procesos productivos puedan tener sobre la naturaleza.
Parte de esta experiencia es la encomiable labor realizada por el Tribunal Ambiental en los últimos meses.
Otro esfuerzo al respecto es la formación que hemos logrado de generaciones conscientes sobre la importancia de promover el desarrollo sostenible.
Sin embargo, la sola educación no basta para concretar este objetivo, es necesario que esa formación se complemente con legislación, políticas y decisiones de parte de los sucesivos gobiernos en relación con el medio ambiente.
Por tanto, ahora corresponde al país proporcionar suficientes acciones palpables a nuestro embajador ambiental, para que este pueda transmitir la imagen de una nación que realmente actúa en consecuencia con el compromiso ecológico que predica ante el resto del planeta.


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