Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 27 Marzo, 2013

Si no pueden arreglar algo pequeño como esto de un trámite (en el aeropuerto), ¿cómo podemos esperar que arreglen los temas dificultosos?


Otra falla burocrática; ¿hasta cuándo?

Recientemente un conocido llegó al Aeropuerto Juan Santamaría para salir en un viaje urgente de negocios. No había comprado los impuestos de salida, fue hasta el día anterior que se decidió el viaje. Cuando llegó a comprar el impuesto de salida, se había “caído el sistema”; al no poder obtener el recibo, no pudo salir del país.
Perdió el vuelo, tal y como les paso a cientos de personas más, incluyendo turistas, estudiantes, empresarios y otros.
Costa Rica es uno de los pocos países en el mundo que no incluyen ese impuesto en los pasajes. Tomando en cuenta el interés establecido en promover el turismo, cuesta entender la razón de mantener esta práctica anacrónica.
El rumor es que un grupo de diputados de Cartago, con el afán de proteger el banco estatal de su provincia, insistieron en incluir el procedimiento en una ley que ahora nadie, ni del Ejecutivo ni del Legislativo, tiene interés en modificar.
En el caso de los jerarcas del Ejecutivo y los legisladores, en parte no les interesa porque están exentos de pagar ese impuesto; si quieren viajar (y muchos lo hacen) no les importa si está “caído el sistema”.
Lamentablemente muchos, cuando no son legisladores o ministros, tienen una perspectiva “más provincial” y los viajes internacionales no forman parte de sus vidas. Entonces no tienen capacidad de comprender lo que significa que un empresario pierda unas citas de importancia o que un turista no logre regresar a su país de origen, por lo que termina obligado a pagar un día más de hotel por la tramitología excesiva que ofrece el gobierno costarricense.
Nadie está quejándose del hecho de que en los últimos dos años el impuesto ha subido en un 11%, mientras que el gobierno sigue insistiendo que está “venciendo la inflación”.
Tampoco se quejan del Santamaría que ha logrado aumentar, después de varios años de concesión, de las seis “mangas” que dejó el gobierno de Luis Alberto Monge en 1985 a nueve hoy día.
Después de todo, el así denominado “impuesto de salida” realmente es un “cobro por el uso de la terminal”. Desde ese año hasta 2013 la cantidad de pasajeros usando el aeródromo ha aumentado diez veces, mientras que el número de puertas ha crecido muy poco.
Pero que no se haya logrado simplificar y agilizar el cobro de la salida llama poderosamente la atención. Que no tengan un “Plan B” para que cuando “se caiga el sistema” siempre puedan viajar los pasajeros, es típico de lo que hoy es el sector público en general. ¡Que llenan los documentos a mano!! Después el Banco tendrá que pagar horas extras a los que tienen que digitar la información, pero, ¿cuál es el problema?
Para muchos que observan al gobierno desde la distancia y viendo esta situación del cobro del impuesto de salida, no es difícil llegar a la conclusión que si no pueden arreglar algo pequeño como esto de un trámite, ¿cómo podemos esperar que arreglen los temas dificultosos?


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