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Lunes 25 Junio, 2012

Otra crisis social por la TCM

Nuestro país vuelve a entrar en convulsión social y con amenazas de incrementarse en los próximos días. Por la paz social vale la pena intentar soluciones para que el movimiento de los trabajadores portuarios de Limón y Moín no se extienda a todo el país y sirva de acicate para que el movimiento sindical nacional se agrupe y haga una sola causa.
Las reivindicaciones que desean los trabajadores portuarios no son viables; la concesión de la terminal de contenedores de Moín (TCM) es cosa juzgada y un asunto que se ha discutido hasta la saciedad por lo que pretender de nuevo que la concesión se elimine o se le cambien sus objetivos es imposible.
La TCM es la línea de salida a la competitividad internacional y la punta de lanza para desarrollar la ciudad de Limón bajo el concepto de Ciudad – Puerto, en lo que confluyan exitosamente, para beneficio de la población relacionada, los factores de institucionalidad, medio ambiente, social (responsabilidad empresarial) y económico.
La TCM no hay que verla como única solución para la economía de Limón, pero es lo que tiene la mayor expectativa para contribuir a ello. Si a esto agregáramos un plan de expansión y de incentivos bien planificados para la atracción de industria productiva de exportación que se instale en su zona de influencia, se contribuiría, aún más, a la generación de empleo local y se podría generar un trasvase de población externa hacia esa ciudad a ocupar puestos de trabajo que no tengan oferta en Limón, aliviando carga de empleo nacional y elevando la reactivación de la economía local.
No hay motivos para no pensar que esto no sea viable si el gobierno crea y presenta un proyecto exitoso compaginando sueños y planificando el urbanismo en el extrarradio de Limón aprovechando el motor económico que va a significar esta terminal portuaria, por qué no con parámetros o características parecidas a lo que se creó en el pasado alrededor del Canal de Panamá (la zona del canal). Sin duda la población de la ciudad vería elevar sus expectativas alrededor de la TCM.
Hay posibilidades abiertas y reales para que todos formen parte del producto TCM, en vez de alentar este movimiento de descontento social; es cuestión de sentarse, deponer las armas y dejarse seducir por las ventajas que se pueden obtener, incluso, para reciclar las actuales instalaciones de Moín.
El potencial de la TCM no lo podemos ignorar; Cartagena prepara su futuro en este campo y en Latinoamérica se expanden los proyectos de terminales de contenedores. Entonces, si tantos países ven éxito en esto, por qué nosotros lo vemos todo al contrario?
Tal vez lo que nos falta es proyección de conjunto, una mesa de trabajo de compromisos de desarrollo alrededor de la TCM, sin descartar ninguna opción de inicio, hasta que el mismo proceso las vaya eliminando conforme se elabore la maqueta de lo que se puede lograr.
La paz social de este país lo justifica y cuidado si de esta manera empezamos a ver lo que aún no hemos visto.

Héctor Arce Cavallini
Ingeniero con especialidad en caminos, canales y puertos