Natiuska  Traña

Natiuska Traña

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Miércoles 4 Abril, 2018

¿Otra vez el PAC?

Damas y caballeros, tenemos nuevo ganador de los comicios don Carlos Alvarado Quesada, avasalló con la simpatía, la esperanza y más de un millón de votos de costarricenses. Casi, casi me recuerda la elección anterior, donde el ganador fue don Luis Guillermo Solís.

He leído y escuchado múltiples comentarios sobre el posible escenario que viviremos los próximos cuatro años, algunos muy claros, otros un poco novelescos y hasta exagerados.

A partir del 8 de mayo debemos darle la oportunidad al nuevo presidente, debemos dejar de lado el hecho que no nos gustaba el candidato o el partido y aceptar que la mayoría eligió. Eso sí, no debemos dar ni un paso atrás desde ese mismo 8 de mayo, para denunciar, exigir y reclamar cada vez que no se cumplan las promesas de campaña y que todo quede reducido a una carta de intenciones casi amorosas, que a la hora de llegar al poder se las lleva el viento. A la fecha, no recuerdo, que exista un expresidente que se haya ganado el respeto popular por su ejercicio en el mandato, con esto no quiero decir que los que se han sentado en la silla del Ejecutivo son un montón de incapaces, pero no han dado con la receta para sacarnos de las trabas en las que caímos desde los años 80. ¿Será que el problema no es de las personas?

La Costa Rica que tenemos es deforme; precisamente porque el Estado ha crecido sin medida. Tenemos una institución para solucionar supuestamente cada problema y otra que duplica la misma función, para que ninguna termine por arreglar nada. La gente se muere esperando las citas de la Caja, los carros están colapsados en las calles, el “tren rápido” suena a sacado de los Supersónicos —no por lo moderno, sino porque lo vemos real hasta dentro de cien años—. La burocracia deprime a los usuarios y a muchos buenos funcionarios que no ven premiados sus esfuerzos en la función pública. Tenemos un Estado colapsado que, no podía siquiera pagar los aguinaldos de su planilla del año pasado.

Debemos aceptar que el aparato estatal tomó vida propia y que una reforma que nos saque de la bola de nieve, tiene que buscar reducirlo. El Estado debe dictar la pauta para regular la salud, la educación, la infraestructura y la seguridad pero no involucrarse directamente en ser el proveedor de todos los servicios, para quedarles mal precisamente a los que menos tienen.

La única solución que han encontrado repetidamente todos los gobiernos, para mantener la maquinaria inoperante es la creación de nuevos impuestos, sin cuestionarse el cierre de las instituciones que desperdician presupuesto, reducir los beneficios abusivos, reducir la planilla excesiva y la duplicidad de funciones. Hay que ser justo, todos los gobiernos anteriores han sumado a la situación que vivimos hoy y no es culpa del gobierno de turno, ni de la gente que lo conforma, pero es necesario iniciar algún día con las políticas públicas que nos generen el cambio en los próximos años.

Don Ottón Solís, en el discurso del domingo dijo que el Partido Acción Ciudadana (PAC) quedó en deuda, y esta nueva administración es el mejor momento para comenzar a saldarla. El mismo don Ottón es el padre del Proyecto CERRAR No.19834 (Cerrar instituciones, Eliminar duplicidades, Reunificar funciones, Redefinir rectoría, Ahorrar recursos y Reducir la pobreza), presentado en la Asamblea Legislativa. Propone reducir la burocracia de las instituciones del sector social, cerrando el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), el Fondo Nacional de Becas (Fonabe), el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU), el Ministerio de Vivienda y Asentamientos Humanos (Mivah) y el Instituto Nacional de Desarrollo Rural (Inder, antes IDA), para unificarse en el Ministerio de Ayuda Social (MAS) con el fin de realmente ayudar a los más pobres y dejar de desperdiciar todos esos fondos públicos en cargas administrativas. Aplaudo esta iniciativa del PAC y debe ser una realidad en este gobierno, la implementación de estas medidas es necesaria, de lo contrario, es hora de que no endiosemos al nuevo presidente, porque les garantizo que nos vamos a decepcionar después de la euforia de los primeros 100 días.