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Miércoles, 20 de febrero de 2019



FORO DE LECTORES


Oro negro

Hermann Hess [email protected] | Miércoles 23 enero, 2019

Opinión Hermann Hess

El negocio del petróleo es un negocio grande. Cuesta imaginar la escala de este negocio, por lo que aquí intentaremos visualizar algunos de sus principales aspectos.

El Parque Metropolitano La Sabana tiene un área de aproximadamente 0,7 kilómetros cuadrados.

De acuerdo con las dimensiones estándar de un barril de petróleo, en dicho parque cabrían unos 2.800.000 barriles. ¡Qué espectáculo!

El consumo mundial diario de petróleo alcanza unos 100 millones de barriles, o sea unas 35,7 veces lo que cabe en la Sabana. Si en cambio ponemos los barriles uno encima de otro alcanza para levantar una torre compacta de unos 30 metros de alto, más o menos un edifico de 12 pisos. La escala del consumo anual en estos términos se vuelve muy impresionante: equivale a una torre con el área de la Sabana, pero 3 kilómetros más alta que el monte Everest. Si nos limitamos a una sola capa de barriles el consumo mundial anual podría cubrir un área de unos 9.125 km2, o sea, aproximadamente el área de la provincia de Alajuela o de Limón.

Si esas magnitudes físicas son enormes, el aspecto financiero las supera en escala. El valor del consumo anual de petróleo estimado con un precio hipotético y conservador de $60 por barril llega en la actualidad a $2,2 trillones (millones de millones), equivalente a todo el Producto Interno Bruto (PIB) de la India. El asunto del precio es importante, ya que se trata de un mercado bastante volátil, habiendo experimentado oscilaciones (quitando valores extremos) de entre $30 y $110 por barril en el transcurso de la última década.

Para referencia adicional, podemos intentar visualizar el valor anual del consumo de petróleo tomando como punto de comparación un fajo de 100 billetes de $100. Considerando las medidas típicas de esos billetes podríamos remover la infraestructura y árboles de la Sabana y enzacatarla con tres capas de esos fajos. También se puede imaginar un fajo sobre otro alcanzando una altura de 2.400 km, o bien una pequeña montaña en forma de cono circular de 60 metros de ancho y unos diez pisos de alto; rellena de dólares.

La producción petrolera que alimenta estos niveles de consumo proviene principalmente de Rusia, Arabia, EE.UU., Iraq e Irán, que en conjunto producen cerca de la mitad del total. Comprende unas 700 refinerías en todo el mundo y las más grandes están ubicadas en la India, Venezuela, Corea del Sur y los Emiratos Árabes Unidos. Las plataformas offshore llegan a unas 1.000 y los buques tanqueros o supertanqueros rondan las 4.500 unidades, siendo Panamá la bandera principal, seguida por Liberia, Singapur, China y Rusia. Por otra parte, los oleoductos y gasoductos constituyen una solución complementaria (y más eficiente) al transporte de petróleo y derivados. Actualmente se encuentran instalados unos 3,5 millones de kilómetros, principalmente en EE.UU., Rusia y Canadá.

Las compañías más importantes dentro de esta actividad son Aramco de Arabia Saudita, Sinopec y CNPC de China, Exxon de EE.UU., Royal Dutch de Holanda, BP de Inglaterra y Kuwait Petroleum Corporation, que en su conjunto representan casi la mitad de los ingresos totales de la industria. Los ingresos anuales individuales de estos gigantes superan el PIB de Costa Rica por factores de entre cuatro y cinco veces.

Pero adicionalmente a la producción y transporte hay que sumar lo generado por la distribución local y las actividades de exploración, extracción y perforación. Se estima que hasta un 3% o un 3,5% del PIB mundial se origina en actividades directamente asociadas con esta industria. Y no hemos contado la industria petroquímica, ni los millones de empleos que dependen directa e indirectamente de la dinámica de este sector.

Desde la perspectiva del consumo el destino principal del petróleo y sus derivados es el transporte (60%), sector que también muestra números impresionantes y que añade —en forma indirecta— a la colosal escala de esta industria. En adición al parque automotor ya existente, mayoritariamente impulsado por derivados del petróleo, los principales fabricantes de automóviles están produciendo cerca de 100 millones de vehículos nuevos por año. China representa un 32% de ese total (incluyendo sobre todo manufactura para las empresas tradicionales; Great Wall solo produce alrededor de 1 millón por año), seguida por EE.UU. con un distante 12%. En cualquier caso, aquí de nuevo estamos hablando de gigantes, los ingresos globales de Toyota o Volkswagen de nuevo quintuplican cada uno el PIB anual de Costa Rica.

Finalmente, en gran parte debido a la expansión de los mercados emergentes, la demanda de petróleo sigue creciendo a una tasa del 1,5% anual; comparado con un crecimiento de la población mundial del 1% o el crecimiento del número de automóviles que supera el 2% por año. Dada su escala e importancia, se estima que esta industria seguirá creciendo al menos durante los próximos 20 años, con todas las implicaciones económicas, políticas, geopolíticas y ambientales que eso conlleva.

Por cierto, el consumo diario de derivados de Costa Rica en términos de barriles equivale a unas dos veces el área que ocupa Estadio Nacional en La Sabana.