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Miércoles 18 Junio, 2014

Me niego a que me califiquen de ladrón solo por ser perico y rechazo las pretensiones de los nuevos gobernantes de que la historia política de Costa Rica se inició con ellos


Con el lector

¡Orgullosamente perico!

Soy liberacionista. Desde niño y por acontecimientos históricos de sobra conocidos que desembocaron lamentablemente en la guerra del 48, cuyos odios por dicha han sido superados por las nuevas generaciones con pocos resabios dispersos, mis padres me enseñaron a valorar y casi que idolatrar a don Pepe y de ahí nace mi lealtad y afiliación al partido político que más ha hecho, decidido y construido por la Patria.
Sé que represento a miles de liberacionistas que somos ciudadanos honestos, responsables, que no hemos usufructuado de la función pública y que nuestra militancia política se ha limitado a votar verde y blanco por todos los candidatos de nuestro Partido, en mi caso desde las elecciones de 1966.
Han primado mucho más para emitir ese voto, las conquistas grandiosas de nuestro Partido, que la cadena de errores, desaciertos y actos de corrupción que lamentablemente se arraigaron en Liberación Nacional cuando fue invadido por la maquinaria electoral y el clientelismo político.
Escribo estas líneas porque estoy harto de que generalicen y califiquen a todos los liberacionistas como delincuentes, degenerados y corruptos.
Al Partido Liberación Nacional no lo van a enterrar con el cacareado cambio y si es de bien nacidos el ser agradecidos, me repugna leer entrevistas a algunas autoridades del nuevo gobierno, que no reconocen que muchos de quienes estuvieron sentados hasta mayo en sus sillas ejecutivas de hoy, cumplieron desde ministerios, curules y dirigiendo instituciones autónomas, labores extraordinarias en las que atacaron privilegios y focos de corrupción, alentadas por los brazos sindicales y las onerosas convenciones colectivas que tienen quebrada la seguridad social del país e impiden que se desarrollen ciudades y puertos.
Somos miles los liberacionistas decentes, responsables, honestos, que nunca hemos mamado de la teta verdiblanca ni medio centavo para después abandonarlo, traicionarlo y despedazarlo.
Me niego a que me califiquen de ladrón solo por ser perico y rechazo las pretensiones de los nuevos gobernantes de que la historia política de Costa Rica se inició con ellos.
Son minoría, lamentablemente muy expuesta los que se robaron y corrompieron el Partido que revolucionó a esta Patria, gracias a las decisiones monumentales de don Pepe, pero existe una base multitudinaria verdiblanca que no ha engavetado la bandera y solo espera que se refresque la dirigencia, que se retiren los mercaderes del templo, que se hundan los corruptos que son la vergüenza del Partido y que brote un nuevo Liberación Nacional que reviva la obra gigantesca de nuestros históricos líderes.

Gaetano Pandolfo Rímolo

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