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Mal haría el Ministro de Comunicación, si no le hace entender a Solís que las críticas de los periodistas son parte del trabajo inherente a los medios y que en una democracia como la costarricense, el servidor público está bajo el escrutinio incansable del periodismo


Oportunidades para el segundo año de gobierno

Tras un año de dar tumbos en materia de comunicación y diálogo político, Luis Guillermo Solís tomó al fin la decisión de corregir sus errores y, de esta forma, fomentar un nuevo clima político, tanto en Cuesta de Moras, como entre los diversos sectores nacionales.
El cambio en el Ministerio de la Presidencia y el nombramiento de un jerarca de Comunicación, llegan en el momento oportuno, pues se considera al segundo año de gestión como el más importante de un gobierno.
En ese sentido, el Presidente parece apostar a una forma diferente de hacer política, con el objetivo de aprovechar las oportunidades que él mismo ha generado, al hacer caso al clamor de la oposición y otros grupos, para quitar de en medio, a quien se consideró como un actor político “torpe” e “irreflexivo”.
La reflexión sesuda de Solís al término de este primer año de gestión, le hizo reconocer que Melvin Jiménez había perdido todo su oxígeno político y que era necesario nombrar a una persona con las calidades de Sergio Alfaro para liderar el Ministerio de la Presidencia.
De entrada, el exdiputado parece tener el perfil idóneo para ser el ministro de la Presidencia. Tiene una amplia trayectoria dentro del PAC, conoce profundamente la Asamblea Legislativa, es respetado por ambas facciones de su partido y goza además de credibilidad y simpatía dentro de los distintos sectores políticos y económicos.
Asimismo, de la discusión del TLC con Estados Unidos, se reconoce su habilidad política, además de ser un buen orador y conciliador.
En términos generales, su nombramiento genera optimismo y esperanza.
Por otra parte, el nombramiento de Mauricio Herrera, como ministro de Comunicación, podría ser otro factor a su favor, si su gestión se encamina adecuadamente.
La preparación de Herrera y su experiencia profesional no pueden ser objetadas desde ningún punto de vista; sin embargo, su gestión podría verse empañada en un abrir y cerrar de ojos, si él no brinda la tranquilidad y la confianza a los medios y al público en general, de que se permitirá un debate abierto y crítico sobre la gestión de la administración Solís Rivera.
A pocos días del nefasto intento de silenciar a la prensa por medio de una ley mordaza, la tensión aún está a flor de piel y el resquemor a una normativa tipo “chavista”, que limite la capacidad de investigación y de crítica por parte de los medios, aún es parte de las discusiones en las salas de redacción, en los pasillos legislativos y entre los empresarios.
Herrera tiene ante sí uno de los mayores retos del Gobierno, comunicar bien, hacerlo oportunamente y garantizar una relación fluida y respetuosa entre los medios y el Presidente.
Mal haría el Ministro de Comunicación, si no le hace entender a Solís, que las críticas de los periodistas, son parte del trabajo inherente a los medios y que en una democracia como la costarricense, el servidor público está bajo el escrutinio incansable del periodismo.
En las últimas semanas, el Presidente se ha quejado de un “acoso” de los medios, luciendo intolerante a los cuestionamientos.
Herrera puede ayudar a cambiar esa percepción, o bien, intensificar una disputa con los periodistas, que durará tres años más y que de ninguna forma, culminará con una edición de un periódico, radio o televisión, que incluya réplicas a boletines de prensa de Casa Presidencial.

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