Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 22 Agosto, 2016

Esta realidad y el potencial crecimiento de la economía por encargo nos obligan a sustanciales cambios institucionales en la financiación de la seguridad social, en las leyes laborales y en el manejo de políticas sociales y económicas

Oportunidades de la economía por encargo

Cada vez se amplía la gama de los procesos que la firma —en vez de ejecutar ella misma— adquiere en el mercado, de lo que nos dan ejemplo las llamadas “tercerizaciones” para adquirir servicios de limpieza, de seguridad o contabilidad y programación, o para comprar el motor completo que requiere la máquina que se fabrica, y no solo algunos de sus componentes.
Operar en el mercado en vez de producir los bienes y servicios intermedios en la propia empresa tiene costos de informarse, de contratar y de hacer cumplir los contratos, y aumenta la incertidumbre de contar a tiempo con esos insumos. Cuando esos costos son altos es preferible la propia producción.


Pues bien la economía por encargo (en inglés gig economy, originada del concepto de un encargo musical) ha venido a abaratar los costos de comprar encargos en el mercado, por la posibilidad de coordinar a compradores y vendedores que brindan las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. En la economía por encargo los empleos son temporales, los empleados son sus propios empresarios, y ser empleado lo que significa es un contrato para proveer un bien o servicio determinado a un cliente específico.
Así y con mucha creatividad empresarial, surge Uber para coordinar transporte de personas, Etsy y Ebay para facilitar las actividades individuales de vender objetos, easyCar Club para alquilar temporalmente un vehículo, Airbnb, Love Home Swap y onefinestay para alquilar por un corto espacio parte de mi casa o para contratar lugar para habitar en mi viaje, JustPark para alquilar un espacio en mi casa para el parqueo de vehículos, y las innumerables oportunidades que con plataformas como ELance y oDesk aparecieron como pioneras en Internet para comprar a proveedores en la India y en todo el mundo servicios de contabilidad, programación y otros, o para ofrecer los míos a la venta.
Este sector empresarial cuya creación de empleos en las economías avanzadas no es aún claramente medible, ofrece para Costa Rica una oportunidad para seguir creciendo en nuestra producción de servicios de la moderna economía. De esta manera colaboraría para continuar la expansión de la inversión externa en servicios y de nuestras exportaciones.
Pero esta generación de empleos independientes o de cuentapropistas, apareja riesgos que es preciso resolver con cambios institucionales que nos permitan ser previsores y ganar con el cambio. Riesgos como aumentos de la desigualdad y sentimientos de resentimiento y frustración que dividen las sociedades, y pueden hacerlas entregarse en manos de populismos destructores.
Ya tenemos un sector de personas que trabajan en la informalidad y son un costo y un peligro para la solvencia de nuestra seguridad social. Una parte de este sector es de profesionales independientes y de pequeños empresarios o empleados de la economía por encargo con buenos niveles económicos, pero la mayoría son personas que por su poca preparación recurren al autoempleo como medio de supervivencia.
Esta realidad y el potencial crecimiento de la economía por encargo nos obligan a sustanciales cambios institucionales en la financiación de la seguridad social, en las leyes laborales y en el manejo de políticas sociales y económicas para procurar que el crecimiento de nuestra producción sea eficiente, solidario y compartido.