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Costa Rica en el lugar de las cosas perdidas

Francisco Villalobos
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Regresé hace unos días de un viaje de trabajo por Europa que me llevó a Holanda. Vengo sorprendido con el nivel de conciencia ambiental en ese país, su respeto a las minorías y en general, por el prójimo —en todo baño de restaurantes y bares, hay utensilios para que la gente lo limpie luego de usarlo— y su educación y sentido de conciencia de grupo. Hay mucho que aprender de este pequeño país.
Otro pequeño gigante de Europa: Suiza. Tengo amigos que viven en el campo —a solo 30 minutos de Zúrich— y me recuerdan la vida en el campo de una Costa Rica que ya se nos fue al lugar de las cosas perdidas.
Sus hijas van y regresan a pie de la escuela, las casas no tienen rejas, las pymes con sus cafés y tienditas son preferidas por los locales por encima de las grandes cadenas. La gente no tira basura en las calles y las municipalidades solo recogen basura en bolsas vendidas por la misma muni. Con esto, garantizan que la gente haga un esfuerzo por disminuir la basura que genera, reciclando.
Buena idea, ¿no?
Nuestra forma de desarrollo nos lleva a todo lo contrario: niveles altos de inseguridad, desdén total por el ambiente, aniquilamiento de las pulperías e inundación de hyundais piratas que ni siquiera imaginan ceder el paso a los peatones.
Sociedades altamente industrializadas que han sabido solventar los temas de convivencia y permiten a sus ciudadanos trabajar bien, menos horas y dejar que sus hijos caminen a la escuela. Un camino al desarrollo que pasó por el fortalecimiento de sus instituciones sociales, por una justa estructura tributaria pero, lo más importante, por una serie de incentivos y generación de condiciones a su industria, sus empresas exportadoras y su estructura educativa.
Se ve con buenos ojos lo que está proponiendo Lula en Brasil entonces, si bien con sacrificio fiscal, pero con la intención de generar mayor riqueza en el mediano plazo: reducción de impuestos y enfoque del crédito estatal a la industria para asegurar innovación, crecimiento e inclusión de las pymes.
Igual se ve con buenos ojos que el Grupo Pelón haya implementado la planta para generar biocombustibles a partir de cascarilla de arroz y mejor aún que seis pequeñas empresas industriales ticas hayan consorciado con Franklin Chang para el diseño de la plataforma de su motor de plasma.
Al igual que don Beto Cañas, coincido que este país fue pionero y ejemplo de desarrollo equilibrado durante muchos años y por eso entre otras cosas, habría que devolverles a las calles de San José, el nombre de gente que hizo cosas por este país para recordar que tenemos un pasado que nos dio un país próspero y justo y que entonces quizá podemos ir al lugar de las cosas perdidas y sacarlo de ahí, con ingenio, con solidaridad, con apoyo a la industria y agricultura nacional, con mucha inversión en educación y con un realce de la pequeña empresa local.

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