Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 14 Junio, 2013

El problema mayor del narcotráfico es que constituye uno de los mas lucrativos negocios de esta delirante y decadente sociedad de consumo


Omnipresencia y omnipotencia del narco

La reciente reunión de la OEA en Antigua, Guatemala, se abocó a hacer una revisión crítica —dado su fracaso real— de las políticas seguidas hasta ahora para combatir el flagelo del narcotráfico que, al menos de palabra, todo el mundo reconoce como de los más graves que afectan a la región. Sus magros resultados se deben a que los gobiernos no tienen similitud en sus propuestas para combatirlo, lo cual aprovechó Washington para presionar a fin de dejar hasta 2016 la eventualidad de llegar a acuerdos que comprometan a todos.
Aunque esta fecha tiene el amargo sabor de los tiempos escatológicos, lo cierto es que hubiera sido poco realista esperar otra cosa. Por lo que considero que lo sucedido en la incomparable ciudad colonial tiene valor, porque buen número de gobiernos expresaron sus inquietudes y propuestas con lucidez y valentía.
La delegación norteamericana debió oír acres recriminaciones, no solo por el sangriento fracaso de su política, inspirada más en cálculos geopolíticos, sino también por su insoslayable responsabilidad por no combatir eficazmente el mercado interno de drogas.
Lo cual hace que el problema mayor del narcotráfico es que constituye uno de los mas lucrativos negocios de esta delirante y decadente sociedad de consumo.
Se calcula que al menos $650 mil millones circulan por el mundo que provienen del lavado. Este infame negocio se ha convertido en parte indispensable de las finanzas mundiales. Algunos de los mayores bancos de Estados Unidos y Europa han sido mencionados como involucrados en estos oscuros negocios.
Este nauseabundo negocio ha ensuciado nuestra ya maltrecha imagen internacional, ya que un ucraniano radicado aquí ha batido todos los récords de lavado, noticia que le ha dado la vuelta al mundo.
Por lo que no nos ha de extrañar que los sicarios del narcotráfico puedan estar detrás del vil asesinato del joven y heroico ecologista Jairo Mora. Las investigaciones en torno a este doloroso suceso deben acelerarse y llegar hasta donde haya que llegar. Más aún, lo que habría que preguntarse para encontrar las raíces de la violencia en la región del Caribe, es si esas bandas no gozan allí de cierto grado de impunidad.
Las ingentes sumas de dinero de que disponen y la férrea organización de sus redes, que abarcan desde las montañas de Perú y Colombia hasta los barrios de las ciudades gringas, pasando por Centroamérica, dan pie para abrigar el temor de si también no han contaminado algunos rincones de esa región.
Lo mencionado nos explica, basado en casos concretos recientes, por qué es casi un lugar común calificar al narcotráfico como una organización perversa que, en la práctica, está dotada de los atributos divinos de la omnipresencia y la omnipotencia.
Por lo que no será superfluo insistir en que los pueblos y gobiernos solo podrán combatirla con un inquebrantable espíritu patriótico y una indoblegable fidelidad a los principios éticos que permitan acabar con la impunidad.
 

Arnoldo Mora