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Lunes, 12 de noviembre de 2018



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Olimpiadas y geopolítica

Nuria Marín [email protected] | Lunes 11 febrero, 2008


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Olimpiadas y geopolítica

Nuria Marín

El cambio climático se ha cobrado una nueva víctima: China. El peor invierno en 50 años desnudó deficiencias energéticas y de manejo gubernamental. Por días millones de chinos carecieron de electricidad y calefacción. La celebración del Año Nuevo Lunar se frustró frente al colapso del transporte y a multitudinarias masas atrapadas en plena travesía ocasionando una crisis que ameritó la movilización del ejército. Lo anterior podría enturbiar las pretensiones de China de aprovechar las próximas olimpiadas para proyectarse como la potencia mundial emergente (históricamente re-emergente).
Por su condición de megaevento mediático (este año se esperan 4 mil millones de espectadores), las olimpiadas han sido una palestra que trasciende lo deportivo constituyéndose en escena de fuerzas geopolíticas. Recordemos los juegos de Berlín (1936), o los boicots de las olimpiadas de Moscú (1980) y Los Angeles (1984).
Por ello, el Gobierno chino no ha escatimado esfuerzos ni recursos para aprovechar la oportunidad de proyectar el creciente poderío chino. Millones de dólares han sido invertidos en infraestructura y logística. Comunidades han sido trasladadas para dar paso a megaedificaciones, verdaderas joyas de arquitectura, modernas y cosmopolitas llamadas a convertirse en iconos de su poder.
Para contrarrestar los elevados niveles de contaminación se han trasladado industrias y se ha limitado el tráfico de más de 3 millones de carros. En términos culturales se han abocado a educar a su ciudadanía mediante campañas para inculcar temas como higiene, etiqueta e inglés para dar una cara positiva al mundo.
Millones igualmente han sido invertidos en materia de seguridad para prevenir posibles acciones terroristas. Recordemos Múnich (1972) y Atlanta (1996) a las que se suman el potencial peligro que presentan grupos fundamentalistas de China (con vinculaciones a Al Qaeda) o reclamos de carácter político por temas como Darfur o el Tíbet.
En el plano deportivo será evidente la estrategia china de querer desbancar a Estados Unidos en su liderato en la obtención de preseas doradas. Una vez más viviremos el pulso entre potencias con su correspondiente simbología épica en el olimpismo, otrora personificado por Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría.
El nuevo rol chino está en la agenda mundial. Frente a las múltiples incógnitas actuales la humildad del premier Wen Jiahao al pedir disculpas ante los errores cometidos resulta positiva. Ojalá que esta dualidad de debilidad y poderío chinos sean encauzados en la vía correcta para el mejoramiento de su ciudadanía y la construcción de una comunidad internacional de balances, respeto y multilateralidad.