Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

Enviar
Viernes 12 Julio, 2013

Occidente debe reconocer el derecho de otros pueblos a ser sujetos de su propio destino, a ser dueños de sus riquezas naturales y a tener relaciones comerciales no neocoloniales


¿Occidente en guerra?

El gravísimo incidente provocado por los gobiernos de cuatro países latinos de Europa al negarse a conceder el libre tránsito al vuelo del avión oficial del Presidente de Bolivia Evo Morales y que lo obligó a desviarse y permanecer recluido por 13 horas en su aeronave en el Aeropuerto de Viena, maniobra en pleno vuelo que puso en riesgo la vida del mandatario, ha puesto al rojo vivo las relaciones diplomáticas, políticas, económicas y culturales entre un bloque de naciones de Nuestra América y los mencionados países europeos, con quienes históricamente se han mantenido y cultivado vínculos que van más allá de los habituales en el campo comercial y diplomático.
Esto explica la vehemente y rápida protesta de muchos países de la región y del Secretario General de la OEA. Por su parte, Bolivia y Venezuela responsabilizaron a Washington por haber ejercido presión sobre los gobiernos europeos. Esos dos países ven un complot de la CIA en contra de países cuya política es adversa a la seguida por los Estados Unidos.
Estamos ante uno de los incidentes más serios que se haya dado en años recientes, pues afecta a todos los países cuya política no sigue los lineamientos establecidos por las potencias occidentales bajo la hegemonía de los Estados Unidos.
Este conflicto ya ha tenido repercusiones mundiales. La firme reacción del Movimiento de los Países no Alineados, que comprende 120 naciones, así lo prueba. Por su parte, el gobierno boliviano recurrirá a las Naciones Unidas.
Esperemos que este bochornoso incidente tenga al menos el efecto positivo de presionar para que el derecho internacional tenga mayor vigencia. Mientras no haya un reconocimiento del error cometido por parte de quienes lo causaron y un cambio de actitud, el clima de confianza, indispensable para que haya diálogo, se enturbia.
Hoy el panorama internacional que cobije el tan añorado horizonte de paz y hermandad entre pueblos y culturas del mundo, se ha visto oscurecido. No creemos, optimistas que somos, que anuncie una tormenta mayor.
Pero, dado que Occidente está viviendo su mayor crisis después de la II Guerra Mundial, la tentación de exportar su violencia doméstica —como ya lo está haciendo en el Pacífico y en el Oriente Medio— esta ominosa eventualidad no debe ser excluida.
Occidente debe reconocer el derecho de otros pueblos a ser sujetos de su propio destino, a ser dueños de sus riquezas naturales y a tener relaciones comerciales no neocoloniales.
Todo resabio de racismo y de poses imperiales constituye una criminal reliquia del pasado. Mucha sangre ha costado a nuestros pueblos el lograr avances en la instauración de gobiernos inspirados en los derechos de las mayorías hasta no hace mucho discriminadas. Occidente corre el riesgo de dejarse llevar por la nostalgia de su pasado colonial. Pero la nostalgia, que es buena para hacer poesía cuando se tiene talento, suele ser mala consejera en política. La razón de ser de la política es construir el futuro. Cuando solo se mira hacia atrás se corre el riesgo de terminar como la mujer de Lot: convertido en una mole inerte.
 

Arnoldo Mora