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Las más importantes, aunque no únicas debilidades hoy, son la infraestructura sobre todo carreteras, puertos y logística para exportaciones y la innovación, algo que tiene que ver con el modelo educativo


Obstáculos a la competitividad

Cuando se malgasta o se desvía el dinero público eso no solo tiene consecuencias porque significa una estafa a la población, que es quien lo aporta, sino que de ello se deriva una serie de consecuencias negativas adicionales.
Por otra parte, si se dejan de lado en los programas de gobierno las medidas fundamentales para propiciar equidad, eliminar pobreza (no por medio de limosna) y consolidar clase media, bajará el consumo y con ello los ingresos de quienes están llamados a crecer y aumentar fuentes de empleo.
En Costa Rica estas cosas han venido sucediendo, en esta y anteriores administraciones, y ahora estamos soportando las consecuencias de esas visiones que no fueron exitosas.
Las continuas acusaciones de corrupción, ahí donde se muevan sumas importantes de dinero público y el hecho de que aún no hay luz ni sentencias sobre la mayoría de esos hechos que están siendo investigados, mantienen en constante crecimiento la desconfianza de una gran parte de la población sobre los gobernantes y los políticos.
Por otro lado, ocho de cada diez costarricenses piensan que vamos por camino equivocado, de acuerdo con los datos que se desprenden de una encuesta de la firma CID-Gallup elaborada para la Cámara Costarricense Norteamericana de Comercio (AmCham) y Deloitte.
Tal como lo hemos señalado en este medio desde hace bastante tiempo y en varias oportunidades, hay debilidades que deben atacarse con prontitud, pero de manera eficiente y con mucha transparencia.
Las más importantes, aunque no las únicas debilidades, son la infraestructura —sobre todo carreteras, puertos y logística para exportaciones—, y la innovación, algo que tiene que ver mucho con el modelo educativo, sobre todo en secundaria y terciaria, como lo señala una nota de este medio hoy.
El país no preparó a su gente, como debería haberlo hecho, para aprovechar las oportunidades laborales que la apertura podría traer. Hoy vemos el resultado de lo que no se hizo oportunamente.
“Los países desarrollados se esfuerzan por descubrir el nuevo sistema educativo que habrá de formar a los trabajadores del siglo XXI y aunque en general esa fórmula aún no está totalmente definida, hay certeza de la urgencia con que debe buscarse e implementarse un nuevo modelo educativo capaz de poner a los jóvenes en condiciones de abordar el nuevo mundo, el que se gesta al calor de la ciencia, la tecnología, la inventiva y la creatividad de hoy”, decíamos en este mismo espacio en 2011. Hoy volvemos a decirlo.
 

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