Logo La República

Jueves, 22 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


Obama y el Islam

Arnoldo Mora [email protected] | Viernes 12 junio, 2009



Obama y el Islam


El discurso del presidente Obama en la Universidad de El Cairo debe ser considerado como un acontecimiento que podría significar, no solo una ruptura con la política internacional de su país, sino incluso un cambio radical en la historia de la humanidad, siempre y cuando las propuestas de Obama se concreten. Para ello se requiere que el líder norteamericano se imponga en su país, comenzando por su propio partido, y que sea igualmente aceptado por sus interlocutores más allá de sus fronteras. Muchos deseamos que así sea, pero eso está por verse. Solo los hechos lo dirán.
En efecto, considero que ese discurso significa un cambio de 180 grados en la política, no solo de los Estados Unidos, sino del mundo occidental en las relaciones con una región a la que se ha enfrentado militarmente en todos los campos y por múltiples razones: religiosas, geopolíticas y comerciales, desde el siglo XI en que se dio la primera Cruzada.
En el caso del discurso de Obama, lo importante no es solo el texto en sí mismo, sino la persona misma que lo dice.
El actual presidente de los Estados Unidos no tiene nombre ni apellido gringos, sino musulmanes, es hijo de padre y fue educado por un padrastro de religión islámica, él mismo vivió en un país de esa cultura y asistió algún tiempo a una de sus escuelas. Su madre fue una antropóloga que no creía en la superioridad de una cultura sobre otra y así educó a sus hijos.
En su política hacia el estado de Israel, Obama ha mostrado un rechazo frontal a la derecha sionista y expresado solidaridad con los sufrimientos y vejaciones de que ha sido víctima el pueblo palestino. También ha condenado a quienes minimizan o, incluso, rechazan la existencia del Holocausto o son responsables de acciones terroristas de un lado y de otro. Así mismo, el Presidente norteamericano dice estar convencido de la necesidad de apoyar la creación de un estado palestino junto al estado de Israel.
El impacto de estas innovadoras concepciones ha sido inmediato en amplios sectores musulmanes, como lo muestra el aplauso entusiasta del auditorio. Por mi parte, tengo la sospecha de que ha influido directamente en el resultado de las últimas elecciones en un país clave de la región como es el Líbano. El inesperado triunfo de los sectores prooccidentales y el inmediato reconocimiento del resultado de esas elecciones por parte de Herbollah, muestra que el gobierno sirio está muy atento a las palabras de Obama, pues para nadie son un misterio los estrechos vínculos existentes entre esa agrupación política y el gobierno de Damasco. Cabe ahora preguntarse si las palabras de Obama tendrán el mismo eco en Irán, el país clave para llegar a una solución pacífica en la conflictiva región de Oriente Medio. Es altamente deseable pero difícil predecirlo. Pero si así fuera, las impostergables conversaciones entre Washington y Teherán se llevarían a cabo en una atmósfera más esperanzadora.
En conclusión, el discurso de Obama abunda en buenas intenciones. Bien sabemos que, por desgracia, esto no basta en política; pero debemos verlo como el primer paso en la búsqueda de una solución que requiere, además, una fuerte presión internacional para que encuentre el camino que conduzca al logro del don mesiánico por excelencia: la paz.