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Viernes 19 Marzo, 2010

Nuevos retos de la competitividad agrícola

La necesidad de buscar una mayor competitividad y productividad es hoy imperiosa para los productores nacionales.
Michael Porter, propulsor de la nueva teoría de la competitividad, señala que el progreso sostenido de un país está asociado con el desarrollo competitivo que alcance cada sector de la economía.
Es decir, aquellas naciones cuya generación de riqueza se basa en esquemas de alto valor agregado, eficiencia, mejoramiento de la calidad, investigación y comercialización eficaz.
Y esto no es simple retórica. El dueño de un hotel pierde cuando sus clientes opinan que el servicio de comida carece de estándares de calidad.
Por ello, un gobierno debe apoyar a todos los sectores. Soporte que no es sinónimo de bajos aranceles, sino de lineamientos que ayuden a los productores y empresarios a visualizar el camino a seguir.
Una guía, por ejemplo, es ver la agricultura como una actividad compuesta por cadenas productivas.
Estados Unidos sigue siendo nuestro principal comprador, pero los recientes acuerdos con Singapur y China abren nuevas opciones a los agricultores, ya que estas naciones requieren alimentos de calidad que nosotros cultivamos.
Las nuevas relaciones comerciales pueden abrir un nuevo capítulo en la historia de los bienes tradicionales, así como dinamizar otros que recién empiezan a repuntar como hortalizas y frutas.
Acceder a los nuevos mercados exige al agricultor sentirse empresario sin importar su tamaño y estar atento a lo que pasa a su alrededor.
Sin embargo, esta nueva visión también implica la modernización de las instituciones involucradas con el sector agropecuario, las cuales deben flexibilizar y agilizar su servicio para responder de manera oportuna.
Esto implica que el funcionario entienda que el agricultor demanda acciones rápidas para asegurar la supervivencia de la familia y la comunidad rural.
Y es que la imagen del productor como un empresario también debe calar en la institucionalidad, donde las redes de apoyo e inversión se expandan y tomen en cuenta el pulso del mercado y las preferencias de los consumidores.


Un ejemplo es la transferencia de tecnología a través de alianzas público – privada, con el fin de explotar el conocimiento de las universidades en áreas como la biotecnología.
Esta unión permitirá a los nuevos profesionales explorar una actividad que es vista con recelo por muchos y que ofrece campos de crecimiento interesantes.
Los acuerdos también vendrían a maximizar los recursos destinados a la innovación del sector.
No podemos seguir investigando en áreas que no llenan las expectativas del agricultor y están desvinculadas de las necesidades reales y de la sostenibilidad económica y ambiental.
Tenemos que construir nuevas formas de atención al agricultor para que use mejor la tecnología, las asesorías y las herramientas de comercialización.
Los productores requieren tiempo para acoplarse a un ambiente abierto y competitivo, pero las entidades deben moverse con mayor agilidad y sentido de oportunidad para liderar este proceso.

Carlos Villalobos
Viceministro de Agricultura