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Nuestro propio camino


La situación acaecida la semana anterior con la interrupción de las negociaciones para un Acuerdo de Asociación con Europa, nos debe dejar una buena lección a los costarricenses sobre la forma en que se negocia y con quién lo hacemos.
Desde el nacimiento de la Costa Rica democrática, nuestros líderes y políticos tuvieron una visión distinta a la del resto de Centroamérica, un enfoque que nos hizo crecer a un ritmo más acelerado, que nos hizo elegir el camino de una sociedad que buscaba la justicia social en lugar de las armas de guerra, que nos hizo adoptar una idiosincrasia y una cultura ricas e inigualables.
Aunque con altibajos a lo largo de la historia, Costa Rica ha entendido que existe una necesidad innegable de mantener unas relaciones de cordialidad con los vecinos, y cuando las situaciones lo han exigido, nos hemos unido en la búsqueda de una meta común, como lo fue recientemente la negociación de un Tratado Comercial con Estados Unidos, y como lo es actualmente con las negociaciones con Europa.
Sin embargo, esta obligación de negociar unidos nos ha demostrado también que existen grandes diferencias entre centroamericanos, no solo culturales, sino también de índole económica, política, ideológica y social.
Las razones que llevaron al gobierno de Daniel Ortega a levantarse de la mesa e interrumpir el diálogo quizás fueron válidas para ellos, pero no para el resto de los socios. El problema radica en que persisten grandes diferencias sobre los objetivos del Acuerdo.
Así, mientras para Costa Rica la importancia comercial es elevada, para naciones como Nicaragua quizás resulta más importante el tema de la cooperación, mientras que para otras naciones con un alto grado de emigrantes como El Salvador, el pilar político tiene un gran interés.
Las asimetrías son grandes y no se pueden ocultar con un documento internacional firmado entre los dignatarios.
Desde este punto de vista quizás le convendría más a Costa Rica asociarse a países con objetivos similares, y dejar de lado la alta dependencia que existe actualmente de terceros. Si con las barreras de entonces nuestros fundadores lograron construir un país de la nada, ¿por qué no podríamos nosotros construir nuestro propio camino?


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