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Miércoles, 12 de diciembre de 2018



FORO DE LECTORES


Nuestra casa por cárcel

| Sábado 05 febrero, 2011


Nuestra casa por cárcel

Si no realizamos un cambio radical, la sociedad tendería a la descomposición.
Con atención y marcada preocupación, escuché en una cadena de noticias internacional, una entrevista que realizaban a la madre que tenía a su hijo de 12 años en intensa terapia psicológica para quitar de su mente la idea tan bien posicionada de “yo quiero ser sicario”, en vez de estudiar y prepararse para el futuro, que es lo que en una sana sociedad se esperaría.
Los denominados “ninis” (niños que ni estudian ni trabajan), ya se han anotado en largas listas de espera para ser llamados al sicariato; y mucho más perplejo quedé cuando escuché la siguiente frase: “mejor una vida corta bien vivida… que una larga vida empobrecido”.
Cuáles eran los valores que prevalecían: Hasta hace muy poco, el estudio era la mejor forma de escalar socialmente y hacer realidad todos los sueños y aspiraciones que se tenían. Ser médico, ingeniero, profesor, arquitecto, periodista, etc; era el sueño de todo joven y la garantía de ser mejor que la generación que lo antecedía. En ese paradigma de progreso prevalecían valores como esfuerzo, honradez, transparencia, solidaridad, profesionalismo, trabajo duro, etc, y eso forjó una sociedad analítica, comprometida, dispuesta a superarse, con muchos valores espirituales, pero que se ha olvidado de trasmitírselos a sus hijos.
La nueva lista de valores: Quizás favorecidos por la globalización, en la sociedad actual prevalecen los placeres y la riqueza material, la ostentación y el mínimo esfuerzo; y es ahí en donde flagelos como el narcotráfico y la mafia organizada han encontrado el sustrato ideal para reclutar a niños y jóvenes, que cegados por la ambición de lucir joyas, tener lujosos carros y residencias, muy rápidamente abandonan a sus familias y aprenden a vivir en la clandestinidad y sin el más mínimo valor por la vida.
En un noticiero local pasaban escenas de niños de la Carpio que han hecho su modo de vivir, subirse a los camiones de basura para extraer todo los que se puede vender o utilizar, y con un profundo dolor en el corazón llegué a la conclusión de que la falta de solidaridad y equidad de la sociedad actual, están haciendo de esos chicos nuestros propios “ninis”.
¿Cuál es la solución? Desde la óptica filosófica, yo diría que hasta no romper con la correlación “riqueza material = felicidad superflua y temporal”, y no hagamos que prevalezca la definición de felicidad real y duradera, apoyada en los recursos materiales, pero en donde estos no son el fin si no el medio; estaremos a las puertas de una sociedad en donde prevalecerán los asaltos, los bajonazos, la corrupción y la doble moral. Y para ese entonces, los ciudadanos honrados tendremos que pedir “nuestra casa por cárcel”.

Mynor Retana C.
Ingeniero
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