Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 26 Enero, 2010



Cuando Argentina fue campeón mundial en 1978 en su país y en 1986 en México, los costarricenses nos sabíamos de memoria la alineación titular de los argentinos y conocíamos a todos los jugadores de su reserva.
Fillol, Olguín, Passarella, Galván, Tarantini, Gallego, Ardiles, Bertoni, Luque, Kempes, Alonso, Houseman, Villa, Lavolpe, son nombres que aún resuenan de aquel equipazo campeón en su patria.
Ocho años después, Argentina presenta una nueva generación comandada por Diego Maradona; con Islas, Pumpido, Browm, Ruggeri, Héctor Enrique, Batista, Burruchaga, Olarticoechea, Valdano, Borghi, Clausen y otros nombres de astros que se quedan pegados en nuestras mentes y corazones.
Todavía, en una etapa más moderna, los legionarios argentinos que juegan en todas partes del mundo, fueron reconocidos universalmente: Abondazzieri, Burgos, Goicoechea, Zanetti, Burdisso, Ayala, Chamot, Cáceres, Samuel, Simeone, Verón, Basualdo, Sensini, Balbo, Caniggia, Batistuta, Crespo y tantos y tantos, hasta que el asunto empezó a cambiar, gracias a la ocurrencia del señor Grondona, que decidió nombrar como técnico de la albiceleste a Diego Maradona.
Este muchachito, siempre rebelde y original, convirtió a la selección argentina en una ensalada de nombres, de manera tal que hoy en día, allende las fronteras del país del tango, nadie sabe quien la integra.
De ahí que los ticos, esta noche que nuestro seleccionado enfrentará a los argentinos en juego de fogueo, desconocemos la mayoría la capacidad del 80% de la nómina que presentará el inefable Dieguito, quien andaba de paseo en Sudáfrica, arribó el fin de semana a Buenos Aires, formó un grupo y viajó a San Juan a medirse con las huestes de Ronald González.
“Únicamente” 94 jugadores ha convocado Diego en año y medio al plantel argentino, de ahí la lógica confusión de quienes éramos sus fanáticos seguidores —en mi caso personal—, hasta que llegó este insoportable ser humano a dirigirlo.
Confiados en la capacidad de Ronald González, ojalá Costa Rica pueda repetir un tipo de juego similar al de Egipto; si lo logra y aunque pierda, hará una presentación decorosa ante los anfitriones, que es de lo único que trata este compromiso.
Lograr una presentación decorosa.

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