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Martes, 11 de diciembre de 2018



NOTA DE TANO


Nota Tano

Gaetano Pandolfo [email protected] | Jueves 18 agosto, 2016


Delegados y atletas olímpicos habitan mundos diferentes

Las limosinas ingresaban en caravana, una detrás de otra.
Los botones del Hotel Hyatt corrían apresurados a abrir las puertas de los automóviles.
Los delegados, vestidos de traje, entraban al vestíbulo probablemente a una reunión de emergencia. De pie, a un costado de la entrada del lujoso hospedaje, reconocí entre los que ingresaban al entonces presidente del Comité Olímpico Nacional, Jorge Nery Carvajal.
Desde luego que me impactó el escenario; se sabía de la vida de reyes que transitan los altos dirigentes de FIFA y del Comité Olímpico Internacional (COI), mujeres y hombres vip que viajan por todo el planeta, se hospedan en hoteles de lujo, asisten a festejos deslumbrantes y se llenan los bolsillos de dólares para gastos personales.
Pero es tema distinto escuchar el cuento, que olfatearlo; en aquellos Juegos Olímpicos en Seúl fui testigo de primera mano de esos dos mundos tan incongruentes y contrapuestos, donde por un lado los atletas dejan sudor y sangre en las diferentes competencias en honor de sus respectivos países, mientras los delegados disfrutan de las sabrosas y generosas mieles del olimpismo a todo gas: sin miseria.
Mientras unos corren, los otros beben; mientras unos sudan, los otros duermen; mientras los “sacrificados” delegados se alojan en suites de cinco estrellas, los héroes de pista, piscina y campo duermen estrujados en villas olímpicas construidas a la carrera.
Algunos deportistas habitaron las dos sedes, las de los atletas y las de los delegados; Henry Núñez, el presidente actual de nuestro Comité Olímpico, viajó a las Olimpiadas de Seúl como judoca, en compañía de su entrenador Guillermo Sánchez. Hoy se pasea por el mundo como delegado y al igual que todos sus antecesores criollos, repite el discurso que tapa el fracaso.
¡No hay inversión! ¡No hay dinero!
Y si escribimos fracaso no se crea que es por la falta de medallas, inalcanzables para naciones mucho más desarrolladas deportivamente que la nuestra. Nadie exige, ni pide oro, plata y bronce, pero sí mejorar, avanzar y sobre todo, desechar y archivar ojalá para siempre la frase del acomodo: perdimos, pero hemos adquirido mucha experiencia.