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Martes, 18 de diciembre de 2018



NOTA DE TANO


Nota Tano

Gaetano Pandolfo [email protected] | Jueves 11 agosto, 2016


El menú del tenis en Seúl era imposible desecharlo

Como periodista deportivo tuve la oportunidad de dar cobertura a los Juegos Olímpicos Seúl 1988.
Crecí muchísimo profesionalmente en Seúl, porque gajes del oficio me apartaron de la máxima estrella de la delegación costarricense Sylvia Poll. A Francisco Rivas no le gustaron unas publicaciones que ofrecimos del roce que se dio entre sus nadadoras y el Comité Olímpico de turno, presidido por Jorge Nery Carvajal y nos sacó a la ondina de nuestro radar.
Cuando Sylvia se uniformó de gloria y conquistó la medalla de plata en la prueba de los 200 metros libres, primera presea olímpica para el deporte costarricense, colegas que daban cobertura a las Olimpiadas como el recordado Ricardo Quirós, Vilma Ibarra, Jorge Umaña y creo que Wino Knohr, tuvieron acceso directo al vestuario de la estrella, ruta que este columnista no pudo transitar. Pero esto, hoy no tiene la menor relevancia. La hazaña de Sylvia la inmortalizó y ahora aplaudimos su presencia motivante en la delegación criolla que compite en Río de Janeiro, donde la mayor de las Poll les hace ver a sus compatriotas el honor de ser atletas olímpicos y su enorme significado.
Las Olimpiadas de Seúl presentaban como máxima atracción la llamada carrera del siglo entre los dos expresos de ébano, Carl Lewis y Ben Johnson en los 100 metros libres o planos.
El día de esa prueba en el estadio olímpico, la disciplina del tenis ofrecía un calendario que un periodista apasionado de ese deporte no podía desechar. Jugaban el mismo día Chris Evert, Steffi Graf y Gabriela Sabatini, entre otras.
Comprenderán que me fui para el tenis y dejé botados a los señores Johnson y Lewis. No me arrepiento de la decisión.
Ver jugar y tener a un par de metros a la señora Evert, la dama del tenis profesional, bella y carismática y minutos después aplaudir las acciones de Graf, finalmente ganadora de la medalla de oro de esos Juegos, en una final precisamente ante Gaby Sabatini, no es manjar que se presenta todos los días.
Guardo como tesoro la fotografía que Jorgito Umaña me tomó al lado de Sabatini en la Villa Olímpica en Seúl, dado que di seguimiento a la carrera y trayectoria de la argentina con sentimientos idólatras.
Imposible olvidar de estas Olimpiadas, las atenciones que recibimos del entonces Embajador de Costa Rica en Corea, don Javier Sancho y su señora Norma Guevara.