Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 22 Noviembre, 2012

No deja de ser curioso cómo la prensa deportiva trata de forma diferente con sus preguntas a Oscar Ramírez y a Daniel Casas en situaciones similares.
El técnico del Saprissa es mucho más cuestionado que el del Alajuelense, sobre todo a la hora de preguntar por jugadores que forman en los dos equipos.
Si empezamos por los porteros, nadie le pregunta a Oscar cuándo le dará una oportunidad a Alfonso Quesada, mientras que Daniel tiene que estar explicando cada semana por qué juega Donny Grant y no Víctor Bolívar.
Casas sentó a Jordan Smith e improvisó en el sector derecho de la defensa a Alexander Robinson, con gran suceso y por ahí hasta lo tildaron de racista. En cambio, nadie le pregunta al Machillo por qué nunca juega Jorge Gatjens.
El saprissismo no soportó mirar sentado en la reserva al capitán del equipo Gabriel Badilla, después de que se repuso de su lesión. Fue tanta la presión para que volviera a la titularidad, que al técnico morado no le quedó más remedio que volver a ubicar a Douglas Sequeira en su posición natural de volante de contención. En la Liga ha pasado sentado toda la temporada Ariel Soto, titular la temporada anterior y la prensa no se lo recuerda al entrenador.
La posición de defensa izquierdo es la más criticada en el Saprissa. Que Morales, que Robinson, que Deiber, que Barquero.
Alajuelense firmó a Francisco Flores quien no ha jugado tres partidos completos y nadie interroga.
Si Daniel Casas sienta a Juan Bustos Golobio se le arma una tormenta; Oscar Ramírez fumigó a Kenneth García y utiliza a Jorge Davis únicamente como bombero emergente y ni le preguntan.
Nadie le pide explicaciones al Macho Ramírez por qué no juega Walter Chévez; por qué no es titular Alvaro Sánchez; por qué desapareció del mapa a Steven Calderón.
En cambio, Daniel Casas sienta a Colindres y todo el mundo lo cuestiona, mete a Ricardo Costa y le reclaman; todas las semanas le preguntan por Mauricio Castillo y qué sucedió con el otro Cordero.
Puede ser que sea un asunto de cercanía geográfica y que a la prensa deportiva se le hace más cómodo entrarle a Casas que a Ramírez, pero no hay duda de que mientras el estratega rojinegro trabaja casi siempre en aguas de manantial, su colega morado labora en los rápidos del Reventazón. Tiene días de paz, pero de pronto se topa con la pendiente que lo obliga a amarrarse del bote si no quiere naufragar .

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