Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

Enviar
Lunes 22 Octubre, 2012


Cuando uno observa que un equipo se está hundiendo y hundiendo en la clasificación y no ve la luz en el fondo del sótano, entonces cambia de entrenador y empieza a ganar y a ganar, el nuevo director técnico nos habla de que hizo ajustes en las diferentes líneas de la formación, pero yo casi siempre creo que esos ajustes fueron más bien de parte de los dirigentes del equipo, en las billeteras de los jugadores.
Me parece que algo o mucho de esto sucedió en San Carlos; nos da la impresión, así a la distancia, de que la llegada de Johnny Chávez, un estudioso, laborioso, teórico e inteligente estratega, se combinó con un esfuerzo de la dirigencia del club para ponerse al día con sus trabajadores y así obró el milagro.
Digo esto porque cuando se presentaron los problemas entre la dirigencia norteña y Alvaro Sánchez, se hicieron públicas manifestaciones domésticas que hablaron de problemas económicos a lo interno de la nómina, que supuestamente debió arrastrar el anterior timonel, Marvin Solano y que no fueron resueltos hasta que arribó el rostro fresco de don Johnny, que puso a los toros a embestir y a caminar.
Puede que estemos especulando, pero en todo caso el ejemplo vale para otros entornos.
En otra acera, a lo interno del Cartaginés todo parece indicar que los jugadores brumosos no asimilaron el brusco cambio de entrenador.
Pasaron abruptamente de trabajar con un técnico de pizarra y muy táctico como Johnny Chávez, a vérselas con un estratega emotivo, emocional, que prefiere el instinto del momento, el sentido común que puede resolver determinada situación, al trabajo más científico de como se debe planificar un partido.
Como técnicos, las personalidades de Chávez y Odir son diametralmente opuestas; no podemos afirmar que sea planificación contra improvisación, porque le estaríamos faltando el respeto al técnico que hoy es campeón nacional y que levantó al Herediano de las cenizas para elevarlo al pináculo de la gloria, pero se hace evidente que este descalabro impresionante del club de la Vieja Metrópoli, en viaje directo y sin paracaídas a los últimos lugares de la clasificación, tiene que ver con el cambio de entrenador y puede ser también, responsabilidad de sus futbolistas.
A fin de cuentas, a Odir Jacques lo respaldan sus credenciales, mientras que los jugadores brumosos no pueden afirmar lo mismo.

[email protected]