Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 11 Octubre, 2012


El día que le otorguen a Miguel Agüero el Premio Magón, todo el país va a aplaudir la decisión.
Mientras ese día llega para honra de la cultura del pueblo costarricense, ayer, don Miguel, autor de la página humorística La Machaca, de lectura obligatoria en LA REPUBLICA para miles de compatriotas, recibió un distinguido homenaje y galardón que lo enaltece como ciudadano y excelso comunicador.
El Observatorio de la Libertad de Expresión (OLE) y el Programa de Libertad de Expresión, Derecho a la Información y Opinión Pública (PROLEDI) de la Universidad de Costa Rica le otorgaron al “Machaco” como cariñosamente lo llamamos sus compañeros de trabajo, el “Premio de la Libertad de Expresión y el Derecho a la Información 2012”, en reconocimiento a su vigoroso ejercicio de las libertades de pensamiento, expresión, circulación de las ideas y el derecho a la información.
Don Miguel es un comunicador nato; comunica con su voz, su pluma, su talento natural, su ingenio, su chispa, su interminable tertulia, su caballerosidad.
Humilde como pocos, se resiste al elogio cuando regresa a la sala de redacción a encontrar los temas del día para dibujar su famosa Machaca, luego de ser invitado a Casa Presidencial para conversar con el Presidente de turno, o simplemente almorzar con algún ministro, diputado, economista, banquero o algún colega, que lo buscan para que este hombre que mueve opinión y nutre sabiduría los oriente.
Desde hace muchísimos años, Miguel Angel Agüero es fuente de consulta para el mundo político, económico y social de Costa Rica.
El insecto que lo representa es incorruptible.
Punza, pica, muerde, estorba, incomoda, molesta, pero quienes desean aplastarlo con un matamoscas o pasarle un furgón por encima para terminar de una vez por todas con su diaria “jodedera”, sucumben ante el talento y la educación de su autor y la mayoría termina atrapado en las redes de su cordura, alrededor de una taza de café.
Con La Machaca no se puede pelear, porque es única.
Qué suerte la mía haber conocido a este gran hombre en el palco de los elefantes del estadio Ricardo Saprissa en 1970; qué honor más inmenso el poder tomar un café diariamente con don Miguel, privilegio que compartimos sus compañeros de redacción. El Maestro nos nutre cada día con historias y anécdotas que nos hacen volar juntos y comprender mucho mejor lo inmenso de su extraordinaria vida y personalidad.

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