Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 18 Enero, 2012


El terremoto que estremeció los cimientos del deporte costarricense y que sepultó las aspiraciones de dos funcionarios que ocupaban cargos altos sin contar con credenciales personales para cumplirlos, me agarró fuera del país.
Por eso no lo sentí, pero tampoco me sorprendió.
Quien repase mis notas desde el día en que fueron nombrados, comprobarán que era esta una crónica de un par de caídas anunciadas, porque quienes estamos dentro del deporte costarricense en sus diferentes escenarios y entornos nos conocemos todos y no se pueden tapar los malos ejemplos o las conductas impropias y, si hay apoyos minoritarios hacia personas que en su vida personal no son precisamente ejemplares, ese apoyo se deriva de parte de quien lo ofrece, como consecuencia de tener hospedado en su alma uno de los pecados capitales más arraigados en nuestra sociedad: la envidia.
Lo manifesté en prensa, radio y televisión.
En zona de deportes en este gobierno se nombraron en posiciones relevantes a personas de bajo nivel que lógicamente tenían que fallar a lo largo de la ruta, básicamente por sus antecedentes y por lo que hicieron o dejaron de hacer en otras funciones que cumplieron con anterioridad.
El gobierno de doña Laura ha perdido más de año y medio en desarrollar el deporte nacional.
Escribía el lunes don Julio Rodríguez “En Vela”, “que una política deportiva es un todo integrador, con visión de conjunto, con objetivos y medios específicos y jerarquizados, una gestión eficiente y decorosa, basada en la ley y en el buen juicio, el planeamiento y una rendición de cuentas cabal, donde no caben las ocurrencias ni el amiguismo ni el clientelismo.
Se impone, por imperativo moral e intelectual, un cambio radical para elaborar y llevar a cabo una política deportiva digna, acorde con la dimensión sobresaliente de esta actividad social en orden a la educación, a la cultura, a la formación humana, al espíritu de empresa, a la recreación, a la salud y a la competitividad”.
Qué lástima que la brillante pluma de don Julio no exigiera esto, conociendo él muy bien a uno de los dos caídos, el día de su nombramiento y qué lástima que don Julio, por lo que escribe, esconda la gestión deportiva del gobierno anterior donde, dentro de las limitaciones conocidas, se cumplió con bastante de esa política deportiva como un todo integrador. ¡Ni que decir en valores, moral y ética!

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