Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 7 Diciembre, 2011


“Cuando me encargaron escribir sobre el Estadio Nacional como protagonista de 2011, decidí ir a echarle un vistazo frío a esa mole de ilusiones que apareció en La Sabana como un bofetón al escepticismo propio de los ticos.
Y mientras lo revisaba de arriba abajo desde el frente norte, me imaginé un enorme rótulo tricolor que me sacudía y obligaba a limpiar una y otra vez los anteojos: Ya no piensen en mí; ahora piensen en grande”.
Así empieza su artículo el colega Ufrán García, en la edición de Proa del pasado domingo, cuando escribió sobre la inauguración del Estadio Nacional, seleccionado como el cuarto acontecimiento noticioso del año.
En parte de su comentario, García dice: “El Estadio del ‘primer mundo’ surgió de la nada, si revisamos los esfuerzos del país para construirlo. Sencillamente, China lo puso ahí para nosotros, con un costo de $100 millones, como recompensa por la decisión del Gobierno de Oscar Arias de establecer relaciones diplomáticas con Pekín en el 2007.
Arias se jactó de ello ante la prensa”.
-Mientras Estados Unidos duró ocho años para establecer relaciones con China, con Henry Kissinger en tiempos de Nixon en el 71 y Jimmy Carter en el 79, nosotros solo duramos un año para firmar con Pekín-, dijo Arias.
“Si se consultara a los ciudadanos, es posible que le abrevien el almanaque a Arias pues el anuncio de los nexos con el gigante asiático se hizo de la noche a la mañana”.
Porque viví intensamente el entorno de la construcción del Estadio Nacional; porque conozco la historia real y verdadera; porque gracias a la cercanía con mi hermano Osvaldo, sé lo que pasó del primero al último minuto alrededor del levantamiento de esta obra monumental, tengo que calificar lo expresado por el colega García como un argumento limitado y ligero.
Eso que afirma de que el Estadio de primer mundo “salió de la nada”, en mi opinión no es verdad.
La construcción de un nuevo Estadio Nacional fue un punto del programa de gobierno de don Oscar y fue expuesto en campaña política.
Aseverar que China lo donó en pago a un favor político es mezquino porque niega la visión del Gobernante; quizá Ufrán, en lugar de entrevistar a economistas, arquitectos y obispos para hacer su trabajo, pudo darse una vueltita por la casa de don Oscar o conversar con don Osvaldo para buscar y reseñar la historia verdadera y no repetir argumentaciones propias de la envidia política.

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