Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

Enviar
Lunes 28 Noviembre, 2011


Sorpresivamente ganaron los dos equipos visitantes y por lógica las semifinales se pintan del color de los vencedores.
Además, eran los equipos que llevaban eso que ahora llaman “ventaja deportiva”, y que en caso de empates totales, les da a ellos la clasificación.
Herediano derrotó 2-1 al Cartaginés como visitante y el Alajuelense 1-0 al Saprissa.
El próximo domingo serán anfitriones y tienen todo a su favor para presentarse como finalistas.
El clásico no fue lucido; los dos equipos se fueron al choque y sustituyeron roce por talento, obligando al juez central, Walter Quesada, a darnos un concierto de pito y tarjetas amarillas. Partido dificilísimo para el experimentado silbatero, porque no se le ofreció la más mínima colaboración por parte de los actores, en las dos aceras.
Estaba visto que la Liga llegaría al Ricardo Saprissa a trabar el partido; sacar un empate de La Cueva era magnífico negocio, porque luego otro empate en casa daba el pase a la final. Lamentablemente, los morados también se engolosinaron con las faltas y ellos mismos se fueron limitando porque colaboraron con la causa del rival de cortar el ritmo del partido.
Dentro de esta sinfonía de pitos y faltas, los manudos le abrieron una zanja tapada con helechos al ariete Jairo Arrieta y este, inocentemente, cayó en el hueco, y al dar un par de “caricias” seguidas se ganó la roja y por ahí se decidió el partido.
Con un hombre más en la cancha, Oscar Ramírez inteligentemente arriesgó mucho más en ofensiva en la segunda parte y le fue complicando la tarea a Guimaraes y a sus discípulos que buscaron puerta, en esta ocasión con mala fortuna. Se presentaron más de seis oportunidades en que el Saprissa normalmente anota, pero la brújula mandó la pelota en dirección poco correcta.
De pronto la Liga encuentra la ruta del gol, lo mete y casi que sentencia.
En el “Fello” Meza se presentó una situación más mental que futbolística, porque bastó un error común y corriente en cualquier portero, de Luis Torres, para que Herediano empatara un partido que perdía y todo el estadio, incluyendo público local y jugadores, se cayera como castillo en la arena. A esa “torta” de Torres, le cayeron de una sola vez los 60 años de un equipo sin título, y todo el fervor de los cartagos desapareció como por arte de magia. Los dos juegos dan para comentarlos más a partir de mañana.

[email protected]