Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 16 Noviembre, 2011


Jorge Luis Pinto se quitó él, solito, la oportunidad de amarrar el triunfo más relevante e histórico en su larga carrera como director técnico.
Pudo contarles a sus nietos que en una tarde mágica y como entrenador de la Selección de Costa Rica, derrotó a España en aquel momento, campeona del mundo.

Un primer tiempo mágico, prodigioso, sorprendente y maravilloso dibujado por la Tricolor, que nos hizo recordar tan pocos, pero tan bellos momentos ilustres del fútbol costarricense, puso a España contra las cuerdas y tambaleó al mejor equipo del planeta.
La picardía de Chiqui Brenes se combinó con la jerarquía de Joel Campbell, un novato que juega como veterano y rompe esquemas, leyendas y tradiciones y el balón viajó por dos ocasiones a la jaula de San Iker. Y lo más grande, es que pudieron ser más.
Hasta cuatro en tarde de ensueño.
Pinto amarraba el partido de su vida y Costa Rica el marcador más rico de su historia, con todo el respeto a lo hecho en Italia; se le estaba ganando con soltura, precisión, buen fútbol y solvencia a la mejor representación del universo y que puso en la cancha a toda su constelación de estrellas.
¿Cómo es posible que hayamos dejado partir ese tesoro de resultado?
¿Cómo no pudimos sostener esa conquista?
Hay un responsable directo: el héroe del primer tiempo: Jorge Luis Pinto
El entrenador colombiano regaló un partido que, gracias a sus conocimientos, seriedad y profesionalismo, él ganó en toda la primera parte.
Costa Rica en la cancha y durante 45 minutos fue una prolongación de su estratega y la rigurosidad del sistema táctico que ordenó don Jorge Luis en defensa, más la capacidad que tuvo la tricolor para apoyarse en un tridente ofensivo con Bryan, Chiqui y Campbell que resulto maravilloso, deparó un triunfo parcial 2-0, inimaginable para el más optimista del barrio.
Pero, en el minuto 57, Jorge Luis Pinto se dispuso a botar el partido y con una sucesión de variantes inexplicables, sobre todo por los nombres de quienes entraban y de quienes salían, le puso en bandeja a España la oportunidad de salvar su desastre de partido.
Claro, si hubiese sido al revés, que ganaba España 2-0 y Costa Rica le empata el partido, hay fiesta en Tiquicia, pero qué va; ese 2-2 cuando se tuvo al mejor once del orbe al borde del nocaut, no se lo traga nadie, ni don Jorge Luis a pesar de un discurso que nos recordó la gloria de un rival que todo el mundo conoce.

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