Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 5 Octubre, 2011


En una página deportiva compararon el trabajo de Ricardo La Volpe con el de Jorge Luis Pinto y encontraron cuatro diferencias.
La primera es que Pinto llegó al entrenamiento a las 8 a.m. y La Volpe llegaba a las 11; las primeras tres horas se las dejaba a los asistentes.

La segunda es que el colombiano empezó las prácticas con una oración grupal.
El argentino ni se persignaba.
La tercera diferencia que observaron los colegas es que en las prácticas, Pinto coloca personalmente los conos; con La Volpe este trabajo lo hacían los asistentes.
La cuarta diferencia es que a la hora de los entrenamientos, don Ricardo detenía las acciones a cada rato y repetía las jugadas, lo que causaba malestar en los jugadores que perdían ritmo y se enfriaban. Con don Jorge Luis las prácticas corren fluidas y alegres.
Pertenezco al gremio de aficionados que se encuentran más felices con Pinto que con La Volpe, por decenas de razones, pero la pura verdad, ninguna de estas cuatro diferencias que marcan el trabajo de uno u otro entrenador, nos van a llevar al Mundial en Brasil.
El tema no pasa por los técnicos, sino por los jugadores.
Si la prensa entrevista individualmente a los jugadores que hace pocas semanas trabajaron con La Volpe y hoy empiezan a laborar con el colombiano y les preguntan las grandes diferencias sobre lo que enseñan, uno o el otro, no habrá distancias abismales. El fútbol es un juego muy simple y de lo que trata es de afinar detalles.
Lo que se anhela y lo que urge, es que Pinto les pueda sacar a los jugadores lo mejor de su fútbol y que, por ejemplo, los aficionados nos topemos con un Alvaro Saborío renovado y jugando diferente a como lo ha hecho en más de 30 partidos desde que es el nueve indiscutible del seleccionado. Si repasamos los vídeos de todos los partidos en que Saborío ha sido titular de Costa Rica en juegos oficiales y amistosos, el saldo de su trabajo es negativo. El delantero ha jugado más partidos mal, que bien, lo mismo la mayoría de sus compañeros en las otras posiciones. Y esto, señores, no es por lo que sucede o cambia en los entrenamientos; es un asunto de capacidad individual.
Si contra Brasil nos topamos a un Saborío distinto; a un Azofeifa distinto; a un Acosta distinto, podríamos entonces empezar a alabar a Pinto, pero esto no mejora con oraciones, ni porque don Jorge ubique los conos personalmente.

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